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viernes, 16 de enero de 2015

Sistemas para la medición del desempeño: una comparación de modelos



Para asegurar la mejora continua en cualquier organización, se requiere el monitoreo y medición del indicadores que muestren el desempeño de los elementos clave para la misma. En la literatura existen diversos modelos de sistemas de medición de indicadores que permiten orientar la mejora del desempeño, los cuales tienen diferentes características.
A continuación se presentan estos modelos, con el objetivo de identificar sus características principales y seleccionar cúal de ellos es el más apropiado para su utilización en la organización bajo estudio, de tal manera que permita obtener de él, los datos y evidencias requeridas en el diagnóstico de brechas de desempeño, y en la realización de las recomendaciones apropiadas para la mejora del desempeño.




Los sistemas de medición de desempeño (SMD) son instrumentos que contienen criterios múltiples para informar a quienes toman decisiones acerca de una variedad de cosas diferentes, apoyando a una toma de decisión objetiva para la mejora del desempeño (Guerra-López, 2007).
Un SMD puede hacerse a partir de la red de objetivos de desempeño para ser consistentemente alineado respecto a la visión y misión de la organización. Por lo tanto, para apoyar las decisiones, la serie de desempeños debe ser revisada para comparar cualquier brecha y el conjunto de escenarios.
Los cuadros de mando integral (CMI) o Balanced Scorcard (BSC) propuesto por Kaplan y Norton, son tal vez el ejemplo más prominente de un sistema de medición de desempeño y monitoreo, los cuales brindan oportunamente la información adecuada acerca de indicadores de desempeño y procesos clave, que permitan tomar decisiones con datos en tiempo real.
Sin embargo, es importante considerar que otros investigadores han planteado paralelamente modelos similares al BSC con algunas variaciones interesantes de destacar, las cuales se presentan a continuación.
Pirámide del desempeño de McNair, Lynch y Cross
Antes que Kaplan y Norton hicieran su propuesta del BSC, McNair, Lynch y Cross (1990) proponen un modelo piramidal centrado en 3 niveles: las unidades de negocio, los sistemas operativos de negocio y los departamentos o centros de trabajo (ver Figura 1), y por encima de ellos, la visión de la empresa, es decir, el establecimiento de lo que desea ser. En este modelo se proponen indicadores de naturaleza financiera y no financiera para medir el desempeño de la organización: su efectividad externa y eficiencia interna.
Figura 1. La pirámide del desempeño para el control estratégico
Adaptado de: McNair, Lynch y Cross (1990)

Los departamentos y centros de trabajo son el corazón de esta pirámide de resultados, ya que son la base de las operaciones de la organización. En este nivel se miden variables relacionadas con la calidad y la entrega de productos (los cuales miden la efectividad externa), así como los tiempos de ciclos y los desperdicios (que miden la eficiencia interna).
El siguiente nivel es el operativo, donde se definen criterios de Satisfacción del cliente (externo), la flexibilidad (externo e interno) y productividad (interno), que están estrechamente vinculados tanto a las metas establecidas tanto en el nivel inferior (departamentos) como en el superior (unidades de negocio), configurándose en lo que se podría denominar "income drivers" (inductores de resultado) de los objetivos de ese nivel superior.
El último nivel es de las unidades de negocio, donde se definen las variables relacionadas con los clientes (Mercado; externo) y los accionistas (Financieros; internos), los cuales determinan qué es lo verdaderamente importante en la organización.
El Balanced Scorecard (BSC) de Kaplan y Norton
En 1992 aparece la propuesta de Kaplan y Norton, el Balanced Scorecard (BSC), el cual se centra fundamentalmente en el desempeño de la empresa, en el sentido de establecer distintos indicadores que permitan medir su alcance, incluyendo la visión estratégica, unificando los objetivos con los indicadores a partir de relaciones causa-efecto en los mapas estratégicos.
La Figura 2 ilustra el primer modelo de BSC planteado por Kaplan y Norton,  en el cual aparecen las cuatro perspectivas que según sus autores permiten a los directivos tener una visión general de su negocio: Perspectiva de los clientes, para comprender cómo ven los clientes a la empresa; Perspectiva Interna, para determinar las características de excelencia de la compañía; Perspectiva de innovación y aprendizaje, para analizar si se puede continuar creando valor; y Perspectiva Financiera para ofrecer una visión general a los accionistas.
Asimismo, en esta Figura 2 se ilustra un ejemplo de cómo se podría aplicar el BSC en una empresa de semiconductores, quien vio el Scorecard como un medio para clarificar, simplificar y luego operacionalizar la visión en la cúpula de la organización. Este fue diseñado para enfocar la atención de sus principales ejecutivos en una corta lista de indicadores cruciales de desempeño actual y futuro.
Figura 2. El Balanced Scorecard: un ejemplo para una empresa de semiconductores
Adaptado de: Kaplan y Norton (1992)

El enfoque balanced scorecard de Masiel
Por otra parte, Maisel (1992) también propone un modelo que es quizá uno de los más similares al de Kaplan y Norton (ver Figura 3), ya que coincide con sus cuatro perspectivas, en las cuáles centran los objetivos concretos de la estrategia y visión general de la compañía y desarrollan indicadores para cada una de estas perspectivas.
Aparentemente las diferencias entre el modelo de Masiel y el de Kaplan y Norton son prácticamente inapreciables. En él, Maisel insiste en la independencia de analizar los Recursos Humanos de los procesos, al medir su eficacia y eficiencia.

Figura 3. El enfoque balanced scorecard de Masiel
Adaptado de: Maisel (1992)

Modelo EP2M (Effective Progress & Performance Measurement) de Adams y Roberts
Otra propuesta es la de Adams y Roberts (1993), quienes proponen el modelo llamado EP2M (por sus siglas en inglés: Effective Progress and Performance Measurement), el cual está  centrado en el análisis de la evolución de los indicadores y donde la estrategia sigue manteniendo un rol esencial en la dirección de la empresa y la gestión del cambio (ver Figura 4).
En la parte superior del modelo de Adams y Roberts, la estrategia juega un rol esencial, siendo un punto de referencia importante en la dirección de la empresa y en la gestión del cambio. Por el contrario, en la parte inferior, la generación de valor supone un elemento importante desde la perspectiva del accionista. También la medición externa e interna juegan un papel notable en este modelo: en la parta derecha se busca la mejora en cuanto a eficacia y eficiencia de procesos, y en la parte izquierda el control del cliente y mercado resulta crucial.
Figura 4. Modelo EP2M (Effective Progress and Performance Measurement)
Adaptado de: Adams y Roberts (1993)

Adams y Roberts (1993) progresaron la evolución de los sistemas de medición mediante la promoción de su uso como medio de fomentar una cultura organizativa, en la que se ve el cambio constante como normal y que tiene un requisito fundamental para las medidas efectivas que se pueden revisar con prontitud y que proporcionan un rápido retroalimentación a los tomadores de decisiones. Su modelo es encapsulada por la fórmula EP2M: progreso efectivo y la medición del desempeño.
El Navegador de Skandia de Edvinsson
Asimismo, Edvinsson (1997), el principal arquitecto detrás de las iniciativas de Skandia desarrolló un modelo dinámico y holístico para la presentación de informes sobre Capital Intelectual llamado Navigator (ver Figura 5), el cual se constituye de cinco áreas de enfoque: financiera, clientes, procesos, la renovación y el desarrollo, y el capital humano.
Figura 5. Navegador de Skandia
Adaptado de: Edvinsson (1997)

El Navegador de Skandia es un sistema que trata de medir el capital intelectual en las organizaciones, que también se ha popularizado, pero no al nivel del BSC. Según el modelo de Skandia los factores ocultos del capital humano y estructural cuando se añaden juntos comprenden el capital intelectual. En resumen, el esquema de valor de Skandia contiene ambos bloques financieros y no financieros que se combinan para estimar el valor de mercado de la compañía. Esta conceptualización logra un equilibrio al tratar de representar tanto la información financiera y no financiera, el descubrimiento y la visualización de su capital intelectual, empatando su visión estratégica a las competencias centrales de la compañía, reflejan la tecnología de intercambio de conocimientos y activos de conocimiento más allá de la propiedad intelectual, y que refleja mejor su valor de mercado.
El informe Skandia utiliza 91 métricas más 73 métricas tradicionales para medir las cinco áreas de enfoque que componen el modelo Navigator. Varios índices pueden ser redundantes o de diversa importancia. Sin embargo, al tratar de utilizar su experiencia para crear un informe universal de IC, que todavía recomiendan 112 métricas.
La mayoría de los investigadores coinciden en que los considerables esfuerzos de Skandia para crear una taxonomía para medir los activos intangibles de una empresa ha envalentonado a los demás a mirar más allá de los supuestos tradicionales de lo que crea valor para las organizaciones. El modelo de Skandia es particularmente impresionante en el reconocimiento del papel del capital cliente en la creación de valor para una organización y cómo la naturaleza misma de relaciones con los clientes ha cambiado.
Por ejemplo, Edvinsson (1997) ofrecen cinco indicadores muy específicos de capital cliente: tipo de cliente, duración, de rol, de apoyo y de éxito como prueba de la importancia del papel desempeñado por los clientes en la creación de valor para las organizaciones. Skandia también ofrece una amplia cobertura de los factores estructurales y procesos de la organización que se centra en el proceso y de renovación y desarrollo contribuciones al valor de la organización que no se ha intentado antes.
El modelo Intangible Assets Monitor  (IAM) de Sveiby
            Adicionalmente, en la literatura se encuentra el modelo de Sveiby (1997), llamado Intangible Assets Monitor  (IAM) que se presenta en la Figura 6, que es un modelo que trata de medir los activos intangibles y ofrece un sencillo formato para la visualización de los indicadores más relevantes. La estrategia de la empresa nuevamente resulta relevante para la determinación de dichos indicadores.
En este modelo, Sveiby propone un marco conceptual basado en tres familias de activos intangibles: estructura externa (marcas, relaciones con clientes y proveedores); estructura interna (la organización: gestión, estructura legal, sistemas manuales, actitudes, la I + D, software); y la competencia individual (educación, experiencia). Mientras que la eficiencia de la estructura interna o "eficiencia operativa" de una organización ha sido históricamente parte de la mayoría medición tradicional, los otros dos activos intangibles en su modelo no lo son. Sveiby cree que el problema con el uso de medidas de estos dos activos no es que son difíciles de diseñar, en lugar de sus resultados parecen difíciles de interpretar ya que se correlacionan con los cambios en el rendimiento del negocio.

Valor de mercado
Activos tangibles
Activos intangibles
Estructura externa
Estructura interna
Competencia
Crecimiento
Son los
mismos
que los tradicio-
nales
Crecimiento orgánico
Inversión en TI y en estructura interna
Índice de Competencia, Número de años en la profesión, Nivel de Educación, Facturación  por Competencia
Innovación
Mejora de la imagen ante los clientes,  ventas a nuevos clientes
Mejora de la organización para los clientes, proporción de nuevos productos / servicios, nuevos procesos implementados
Mejora de la competencia para los clientes, costos de formación y educación, diversidad
Eficiencia
Rentabilidad por Cliente, Ventas por cliente, Índice de victorias / derrotas
Proporción de Personal de Apoyo
Proporción de profesionales, efecto multiplicador de profesionales, valor agregado por profesional, ganancias por empleado, beneficio de profesionales
Estabilidad
Índice de clientes satisfechos


Figura 6. Monitor de activos intangibles
Adaptado de: Sveiby (1997)
Sveiby también ha desarrollado un módulo de capacitación ejecutiva llamado TANGO, simulación que pretende ayudar a los directivos a entender cómo dar cuenta del capital intelectual mediante medidas similares que ha desarrollado en su modelo de IAM.

Comparación de modelos de medición del desempeño
En la Tabla 1 se comparan los sistemas de medición del desempeño presentados con anterioridad, indicando los niveles, perspectivas o categorías que buscan medir, así como las variables que propone medir para dar indicación del desempeño alcanzado.
Tabla 1. Sistemas de medición de desempeño
Elaboración propia a partir de McNair, Lynch y Cross (1990), Kaplan y Norton (1992), Maisel (1992), Adams y Roberts (1993), Edvinsson (1997) y Sveiby (1997)
Autor
Año
Modelo
Niveles/perspectivas
Variables que propone medir
McNair, Lynch y Cross
1990
Pirámide del desempeño para el control estratégico
1) Unidades de negocio
Mercado,  financieros.
2) sistemas operativos de negocio
Satisfacción del cliente, flexibilidad, productividad.
3) Departamentos y centros de trabajo
Calidad, entrega, tiempo de ciclo, desperdicios.
Kaplan y Norton
1992
Balanced Scorecard (BSC)
1) Clientes
Tiempo, calidad, desempeño y servicio, costo.
2) Interna
Tiempos de ciclo, calidad, habilidad de empleados, productividad, competencias y tecnologías clave.
3) Innovación y aprendizaje
Capacidad para: lanzar nuevos productos, crear mayor valor para el cliente, mejorar procesos, aumentar ingresos.
4) Financiera
Retorno sobre la inversión, beneficios por acción.
Maisel
1992
The balanced scorecard approach
1) Financieros
Liderazgo de mercado, incremento de ingresos, rentabilidad.
2) Clientela
Plazos de entrega, nivel de defectos, capacidad de respuesta, relación calidad/precio.
3) Procesos  de la empresa
Tiempo para llegar al mercado, defectos por proceso, rendimiento.
4) Recursos humanos
Ventas de nuevos productos, rotación.
Adams y Roberts
1993
Effective Progress and Performance Measurement
(EP2M)
1) De arriba a abajo
Implementación de la estrategia.
2) Externos
Clientes, mercados, proveedores, asociados.
3) Internos
Eficiencia y productividad de procesos.
4) De abajo a arriba
Empoderamiento de empleados.
Edvinsson
1997
Navigator
1) financiera
Ingresos por empleado, ingresos de nuevos clientes por ingresos totales, beneficios resultantes de las nuevas operaciones de negocios.
2) clientes
Días dedicados a visitar clientes, relación de contactos de ventas a ventas cerradas, clientes ganados frente a perdidos.
3) procesos
PC’s por empleado, capacidad de TI – CPU,  tiempo de procesamiento.
4) renovación y desarrollo
Índice de empleado satisfecho, gasto de formación / gastos administrativos, edad media de las patentes
5) capital humano
Gerentes con grados avanzados, facturación anual de personal, índice de liderazgo.
Sveiby
1997
Intangible Asset Monitor (IAM)
1) Crecimiento
Crecimiento orgánico, Inversión en TI y en estructura interna, años en la profesión, etc.,
2) Innovación
Imagen ante los clientes,  ventas a nuevos clientes,  proporción de nuevos productos / servicios, nuevos procesos, diversidad de competencias, etc.
3) Eficiencia
Rentabilidad por cliente, ventas por cliente, Índice de victorias / derrotas, proporción de personal de apoyo, valor agregado por profesional, ganancias por empleado, beneficio de profesionales, etc.
4) Estabilidad
Índice de clientes satisfechos

            Como se observa en la Tabla 1, todos los sistemas de monitoreo revisados buscan medir no sólo las medidas tradicionales, sino que proponen la medición de intangibles, como aquellos indicadores que permitirán conocer oportunamente la situación de la organización y tomar decisiones a tiempo, para orientar mejor el logro de los resultados esperados.
Indudablemente, de todos los modelos aquí presentados, el más popularizado es el de Kaplan y Norton, y por ende, es el cual ha sido aplicado en mayor medida, en diferentes tipos de contexto. Inclusive, este modelo se ha aplicado en el Instituto Tecnológico de Sonora, que es la organización que enmarca el objeto de estudio donde se ha desarrollado este proyecto, por lo que se considera la más conveniente para ser utilizada.
Conclusión
De acuerdo con la revisión de literatura, existe más evidencia a favor de la utilización del Balanced Scorecard como herramienta de dirección estratégica, por lo que se concluye que esta favorece el desempeño empresarial.
El BSC es una propuesta que se ha convertido en el estándar en la dirección y control, no sólo estratégico, sino también ha demostrado ser útil a nivel operativo, por lo cual se recomienda su utilización en cualquier situación que se requiera medir un desempeño.



Referencias
Adams, C., & Roberts, P. (1993). Your are what you measure. Manufacturing Europe, 504-517.
Edvinsson, L. (1997). Developing intellectual capital at Skandia. Long Range Planning, 30(3), 366-373.
Guerra-López, I. (2007). Evaluación y Mejora Continua: Conceptos y Herramientas Para la Medición y Mejora del Desempeño. Un Enfoque en Resultados e Impacto. Bloomington, Indiana: AuthorHouse.
Kaplan, R., & Norton, D. (1992). The balanced scorecard: Measures that drive performance. Harvard Business Review, 70(1), 71-79.
Maisel, L. S. (1992). Performance Measurement. The balanced scorecard approach. Journal of Cost Management, 6(2), 47-52.
McNair, C., Lynch, R. L., & Cross, K. F. (1990). Do financial and nonfinancial performance measures have to agree? Management Accounting, 72(5), 28-36.

Sveiby, K. E. (1997). The New Organizational Wealth: The New Organizational Wealth based Assets . San Francisco: Barrett-Kohler Publishers.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Cultura organizacional: enfoques y métodos para su medición



En la actualidad, la cultura es una de tantas variables estudiadas en las organizaciones, no sólo por antropólogos, sociólogos o psicólogos, sino para cualquier académico y/o empresario interesado en mejorar el desempeño de sus organizaciones, ya que dicha variable está estrechamente relacionado con el éxito empresarial.

            Por lo anterior, en este ensayo se pretende no sólo dar un breve antecedente respecto al tema, explicando no sólo el origen del uso del término en las organizaciones, su definición, precursores y la evolución en su estudio, sino que además se presentan algunas experiencias documentados en España e Iberoamérica con la finalidad de responder a la siguiente pregunta: ¿cuáles son las posturas y/o métodos predominantes en el análisis de la cultura organizacional?




El término cultura ha sido estudiado desde finales del siglo XIX, pero no es hasta la segunda mitad del siglo XX que aplicado a las organizaciones, durante el movimiento del management comparativo que se desarrolló durante los años 50 y 60 cuando se empezaron a presentar problemas en las industrias debido a que sus actividades se realizaban en diferentes naciones, y por ende, se confrontaban culturas diferentes del mundo, especialmente la europea, soviética y china (Aktouf, 2002, págs. 64-65). Posteriormente, a comienzos de los años setenta la cultura fue analizada sobre todo en el ámbito de la sociología industrial, pero no fue sino hasta los ochenta cuando el interés por la cultura aumentó considerablemente, quizá por la crisis que enfrentaba el modelo de gestión de las empresas norteamericanas frente al nuevo éxito que los japoneses estaban adquiriendo en ese entonces. Asimismo, también los académicos se interesaron en el tema porque buscaban entender mejor cómo la cultura influía en el desempeño de una organización (Sánchez, Tejero, Yurrebaso, & Lanero, 2006, pág. 375).
En la literatura se menciona que ha habido muchos precursores lejanos e indirectos de la corriente de la Cultura Organizacional (CO), tales como Elton Mayo y sus colaboradores (Fritz Roethlisberger, W.J Dickson, W. Lloyd Warner, entre otros) quienes entre los años 1924 y 1932 estudiaron los factores que incidían en el desempeño de los trabajadores y realizaron los famosos experimentos Hawthorne, llegando a la conclusión que el desempeño no está determinado por la capacidad física del trabajador sino por normas sociales y las expectativas que se tienen del grupo al cual pertenece, y que los trabajadores no actúan ni reaccionan aisladamente como seres individuales sino que se apoyan en el grupo (García-Alvarez, 2006, pág. 164).

Sin embargo, aunque estos autores hablaban ya de un sistema social  ideológico y simbólico, nunca lo nombraron como CO, hasta que aparece el francés Elliot Jaques quien dio una definición a este término a principios de la década de los cincuenta. Sin embargo, no fue sino hasta los años ochenta cuando el término se populariza y diversos académicos empiezan a realizar investigaciones alrededor del tema, ocasionando el primer conflicto actual que se tiene en esta área de estudio: la falta de consenso entre los autores para definir el concepto de CO, tal como lo explican Hernández-Calzada, Mendoza-Moheno y González-Fernández (2007, pág. 2).

Como se puede observar en la Tabla 1, se han propuesto definiciones por diversos autores a través de los años; algunas son descriptivas como la de Rousseau y otras más sintética como la propuesta por Deal y Kennedy, pero en todas ellas hay elementos en común, con los cuáles se puede generar una nueva definición como la que sigue: La cultura organizacional es aquello que explica el por qué y cómo se realizan las cosas en una organización; se compone de valores, creencias, comportamientos, suposiciones, significados, lógica, etc., que se adquieren dentro de dicha organización en un proceso de aprendizaje colectivo.

Tabla 1. Diferentes definiciones del concepto de cultura organizacional
Fuente: Elaboración propia con información de Hernández-Calzada, Mendoza-Moheno y González-Fernández (2007) y Aktouf (2002)
Autor
Año, país
Institución
Definición
Elliot Jaques
1951,
Canadá
Instituto Tavistock de Relaciones Humannas
Es el modo de pensar y de actuar habituales de la gente, modo que debería ser aprendido y aceptado y que es más o menos compartido.
Terrence E. Deal y Allan A. Kennedy
1982,
EU
Harvard, Stanford y Vanderbilt
Es la forma en que se hacen las cosas en una organización.
B. Uttal
1983
--
Sistema compartido entre la gente de valores que expresan lo importante y creencias de cómo funcionan las cosas,  con una estructura y sistema de control para producir normas de comportamiento respecto a cómo hacer las cosas en una organización.
Edgar Schein
1985,
EU
Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)
Suposiciones básicas inventadas, descubiertas o desarrolladas por un grupo mientras aprende a enfrentarse a problemas de adaptación externa/interna, que han funcionado bien y son consideradas válidas, por lo que son enseñadas a nuevos miembros como la forma correcta de percibir/sentir los problemas.
Jay B. Barney
1986,
EU
Universidad del Estado de Ohio
Complejo de valores, creencias, suposiciones y símbolos que definen la forma en que una empresa conduce su negocio.
Daniel R. Denison
1990, Suiza
Instituto Internacional para el desarrollo de la administración
Código, lógica y sistema de comportamientos estructurados y significados que han pasado la prueba del tiempo y sirven como una guía colectiva para la adaptación futura y la supervivencia.
Denise M. Rousseau
1993,
EU
Universidad Carnegie Mellon (CMU)
Cogniciones compartidas por miembros de una unidad social, adquiridos a través del aprendizaje social y de la socialización (donde se expone a los individuos a diversos elementos culturales), que conforman la experiencia social y dotan a sus miembros de valores y marcos de comprensión.
Peter Dahler-Larsen
1994, Dinamarca
Universidad del sur de Dinamarca
Pegamento que sostiene una organización junta.
J. L. Pariente Fragoso
2001
Universidad Autónoma de Tamaulipas
Sistema de símbolos creado, aprendido y trasmitido en la organización, con objeto de enfrentar las demandas del entorno en el cumplimiento de la misión.

Así pues, como se observa, el estudio de la CO ha evolucionado a través de los años, y ha habido diversas escuelas, tendencias y vínculos teóricos diferentes que han marcado dicha evolución, que van desde: “los ideacionistas hasta los ecológico-adaptacionistas, pasando por los cognitivistas, los histórico-difusionistas o aún los estructuro-funcionalistas”, pero la corriente dominante es la famosa main stream donde la CO es un conjunto de evidencias o postulados compartidos por los miembros, dirigentes y empleados, que es como el cemento que mantiene la organización como un todo, le da un sentido a ella e identidad a sus miembros. No obstante, en cualquier escuela, incluida la corriente dominante, la CO es “la quasi-mágica comunión de todos, patrones y obreros, dirigentes y dirigidos, en un mismo y entusiasta movimiento de apoyo de la empresa y de sus objetivos” (Aktouf, 2002, pág. 65).
Además, otra de las razones del por qué es complicado realizar investigaciones respecto a la CO, tal como lo menciona Hernández-Calzada, Mendoza-Moheno y González-Fernández (2007, pág. 2), es por las diferentes perspectivas sobre las cuales ha sido concebida y el escaso nivel de acuerdo entre los académicos sobre el método para su análisis. Toca-Torres y Carrillo-Rodríguez (2009, pág. 131) aseguran que existen dos enfoques para su estudio: cualitativos (etnográficos, Focus Group, Percepción de Valores y Filosofías,  Juegos Proyectivos, Entrevistas a Profundidad, Intercambio de Roles, etc.) y cuantitativos (policymakers), y que su elección dependerá de los objetivos perseguidos (caracterización, medición o intervención).

En la literatura se reportan múltiples estudios de CO, tal es el caso el realizado en Colombia por Gómez-Roldán y Ricardo-Bray (2012, pág. 19) quienes realizaron una  investigación utilizando un instrumento basado en el modelo de Denison para identificar los perfiles generales de cultura organizacional en 141 empresas de cuatro sectores productivos y la asociación de estos perfiles con su desempeño innovador. Contrariamente a lo esperado, no se encontraron diferencias significativas entre los perfiles de los sectores, aunque si en las variables de CO de empresas innovadoras frente a las poco innovadoras del mismo sector, confirmando además una asociación estadística entre características de cultura e innovación, e identificando que la discriminación por sectores también explica la innovación.

Otro de los estudios realizados en Colombia es el de Calderón-Hernández, Murillo-Galvis y Torres-Narváez (2003, pág. 110), quienes buscaban establecer las relaciones entre la cultura organizacional y el bienestar laboral, mediante una investigación con enfoque cualitativo y cuantitativo, en la entrevistaron y aplicaron encuestas a trabajadores de diversos niveles organizacionales de siete empresas. Los resultados muestran que la satisfacción del trabajador está asociada con culturas orientadas al empleado, corporativistas, abiertas, pragmáticas y con control laxo, pero no se pudo establecer que existía asociación entre organizaciones con culturas orientadas al proceso y el bienestar de sus empleados.

En España, Azanza, Moriano y Molero (2013, pág. 45) realizaron un estudio cuantitativo de análisis de regresión múltiple donde se examinó cómo la orientación de flexibilidad en las culturas organizacionales facilitaba resultados positivos en 571 trabajadores a través de su impacto en el liderazgo auténtico. Los resultados mostraron que la promoción de una cultura flexible donde los líderes proporcionan un contexto para la cooperación y apoyo podría proporcionar un gran valor ya que produce efectos positivos en sus seguidores y la organización en cuestión, tal como como la satisfacción en el trabajo.

En México, se reporta el estudio de Guillén-Mondragón y Aduna-Mondragón (2008, pág. 47) respecto a la influencia de la cultura y del perfil cultural, sobre el clima organizacional en 172 personas de cuatro empresas industriales de la Delegación Iztapalapa de la Ciudad de México. Esta investigación es de tipo cualitativo realizada a través del análisis organizacional y estudio de caso comparativo, con la finalidad de conocer el grado de asociación entre variables culturales y de clima organizacional y su relación con el estilo de gestión en la definición del clima laboral. Los resultados les permite afirmar a estas autoras que el estilo de gestión en las empresas estudiadas es autoritario; las dimensiones de distancia de poder, masculinidad-feminidad y aversión a la incertidumbre son características importantes en su desempeño y que la dimensión de individualismo-colectivismo se presenta débilmente en ellas. Sin embargo, reconocen que no se pueden hacer generalizaciones ya que no todas las organizaciones tienen el mismo comportamiento organizacional, aun dentro de una misma cultura nacional, por lo que es importante buscar y atender las especificidades de cada empresa y/o sector.

Por otro lado, existen estudios donde se proponen mecanismos para facilitar la medición de la CO y su impacto en otras variables organizacionales, tal como el realizado por Terán-Varela y Lorenzo-Irlanda (2011, pág. 96) quienes estudiando la influencia de la cultura organizacional (CO) en el desempeño laboral (DL) y la productividad (P) de los trabajadores administrativos en Instituciones de Educación Superior de México, tenían como hipótesis que si se tiene una CO fortalecida entonces se produce un incremento en dicho desempeño y productividad, por lo que en su investigación proponen un mecanismo que  relaciona las tres variables (CO, DL y P), en donde al afectar la CO se modifican e incrementa el DL y/o la P con base en un programa de intervención.

Por último, Aguilar-Edwards (2009, pág. 67) destaca la existencia de un enfoque poco explorado en la investigación de la CO y que tiene que ver con la cultura de grupos subyacentes, sus procesos interactivos y su impacto en la construcción de la CO, sustentando la necesidad de una reconceptualización del fenómeno que aporte mayores elementos para la construcción de métodos de diagnóstico e intervención, que no sólo permita conocerla, sino comprenderla desde su origen. La metodología, que fue aplicada en una dependencia del gobierno municipal en la ciudad de Saltillo, Coahuila, México, tiene un enfoque clínico, y en el estudio de caso se  utilizaron diferentes técnicas de recopilación a partir de una segmentación de grupos naturales (por tarea) al interior de la organización: observación, revisión de fuentes documentales, encuesta, entrevista dirigida y grupos focalizados.

Como se puede entender de la revisión de literatura, no existe un sólo enfoque o un sólo método para medir la tan compleja CO, y aunque todos saben qué es, pocos son capaces de identificarla y explicarla, debido quizá a que tiene múltiples dimensiones que no son visibles; lo único manifestado son las prácticas organizacionales, pero el resto de los componentes de la CO son convicciones o creencias de los líderes y premisas compartidas con todos los miembros. Lo que se puede afirmar es que la utilidad de este tipo de estudios no debe terminar con su caracterización y medición, sino al realizan propuestas concretas que permitan la mejora del desempeño organizacional.




La cultura organizacional es una variable importante a medir en cualquier organización, ya que refleja la esencia del empresario y los trabajadores, y puede explicar el por qué algunas iniciativas para mejorar el desempeño de las empresas prosperan y otras no.
            Y aunque no existe un consenso en su concepto y/o en su método de análisis, el simple hecho de realizar un diagnóstico de la cultura de una organización, provee suficiente información para generar un aprendizaje al analista, y brinda además los datos pertinentes para poder plantear acciones de cambio y/o formativas para los empleados y sus líderes.
            Sin embargo, sea cual el método utilizado para su estudio, su caracterización y/o medición deberá ser utilizada para identificar su impacto en los resultados generados por la organización hacia el exterior (responsabilidad social, cobertura, rentabilidad, satisfacción), al interior (eficacia, efectividad, eficiencia), así como en la salud, entusiasmo, compromiso y flexibilidad de sus miembros.
Por último, es importante mencionar que cualquier estudio no debe terminar con esta caracterización o medición, sino que es necesario llegar hasta el establecimiento de acciones que permitan crear una cultura, que aunque no es tarea fácil porque requiere una inversión constante y sustancial de recursos (sobre todo de tiempo), puede traer múltiples beneficios al contar con el soporte de adecuada relaciones internas o externas a largo plazo, permitiendo así una adecuada dirección y adaptación a las circunstancias del entorno.


  
Referencias
Aguilar-Edwards, A. (2009). El diagnóstico de "la" cultura organizacional o las culturas de la cultura. Global Media Journal Edición Iberoamericana, 6(11), 67-81. Obtenido de http://gmje.mty.itesm.mx/5el_diagnostico.pdf
Aktouf, O. (Julio-diciembre de 2002). El Simbolismo y la "Cultura Organizacional". De los abusos conceptuales a las lecciones de campo. Ad-minister, 1(1), 63-93. Obtenido de http://publicaciones.eafit.edu.co/index.php/administer/article/viewFile/673/599
Azanza, G., Moriano, J. A., & Molero, F. (2013). Authentic leadership and organizational culture as drivers of employees’ job. Journal of Work and Organizational Psychology, 1(29), 45-50. doi:http://dx.doi.org/10.5093/tr2013a7
Calderón-Hernández, G., Murillo-Galvis, S. M., & Torres-Narváez, K. Y. (2003). Cultura organizacional y bienestar laboral. Cuadernos de Administración, 16(25), 109-137. Obtenido de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=20502506
García-Alvarez, C. M. (2006). Una aproximación al concepto de cultura organizacional. Universitas psychologica, 5(1), 163-174. Obtenido de http://sparta.javeriana.edu.co/psicologia/publicaciones/actualizarrevista/archivos/V5N112unaaproximacion_concepto_cultura.pdf
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