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viernes, 16 de enero de 2015

Sistemas para la medición del desempeño: una comparación de modelos



Para asegurar la mejora continua en cualquier organización, se requiere el monitoreo y medición del indicadores que muestren el desempeño de los elementos clave para la misma. En la literatura existen diversos modelos de sistemas de medición de indicadores que permiten orientar la mejora del desempeño, los cuales tienen diferentes características.
A continuación se presentan estos modelos, con el objetivo de identificar sus características principales y seleccionar cúal de ellos es el más apropiado para su utilización en la organización bajo estudio, de tal manera que permita obtener de él, los datos y evidencias requeridas en el diagnóstico de brechas de desempeño, y en la realización de las recomendaciones apropiadas para la mejora del desempeño.




Los sistemas de medición de desempeño (SMD) son instrumentos que contienen criterios múltiples para informar a quienes toman decisiones acerca de una variedad de cosas diferentes, apoyando a una toma de decisión objetiva para la mejora del desempeño (Guerra-López, 2007).
Un SMD puede hacerse a partir de la red de objetivos de desempeño para ser consistentemente alineado respecto a la visión y misión de la organización. Por lo tanto, para apoyar las decisiones, la serie de desempeños debe ser revisada para comparar cualquier brecha y el conjunto de escenarios.
Los cuadros de mando integral (CMI) o Balanced Scorcard (BSC) propuesto por Kaplan y Norton, son tal vez el ejemplo más prominente de un sistema de medición de desempeño y monitoreo, los cuales brindan oportunamente la información adecuada acerca de indicadores de desempeño y procesos clave, que permitan tomar decisiones con datos en tiempo real.
Sin embargo, es importante considerar que otros investigadores han planteado paralelamente modelos similares al BSC con algunas variaciones interesantes de destacar, las cuales se presentan a continuación.
Pirámide del desempeño de McNair, Lynch y Cross
Antes que Kaplan y Norton hicieran su propuesta del BSC, McNair, Lynch y Cross (1990) proponen un modelo piramidal centrado en 3 niveles: las unidades de negocio, los sistemas operativos de negocio y los departamentos o centros de trabajo (ver Figura 1), y por encima de ellos, la visión de la empresa, es decir, el establecimiento de lo que desea ser. En este modelo se proponen indicadores de naturaleza financiera y no financiera para medir el desempeño de la organización: su efectividad externa y eficiencia interna.
Figura 1. La pirámide del desempeño para el control estratégico
Adaptado de: McNair, Lynch y Cross (1990)

Los departamentos y centros de trabajo son el corazón de esta pirámide de resultados, ya que son la base de las operaciones de la organización. En este nivel se miden variables relacionadas con la calidad y la entrega de productos (los cuales miden la efectividad externa), así como los tiempos de ciclos y los desperdicios (que miden la eficiencia interna).
El siguiente nivel es el operativo, donde se definen criterios de Satisfacción del cliente (externo), la flexibilidad (externo e interno) y productividad (interno), que están estrechamente vinculados tanto a las metas establecidas tanto en el nivel inferior (departamentos) como en el superior (unidades de negocio), configurándose en lo que se podría denominar "income drivers" (inductores de resultado) de los objetivos de ese nivel superior.
El último nivel es de las unidades de negocio, donde se definen las variables relacionadas con los clientes (Mercado; externo) y los accionistas (Financieros; internos), los cuales determinan qué es lo verdaderamente importante en la organización.
El Balanced Scorecard (BSC) de Kaplan y Norton
En 1992 aparece la propuesta de Kaplan y Norton, el Balanced Scorecard (BSC), el cual se centra fundamentalmente en el desempeño de la empresa, en el sentido de establecer distintos indicadores que permitan medir su alcance, incluyendo la visión estratégica, unificando los objetivos con los indicadores a partir de relaciones causa-efecto en los mapas estratégicos.
La Figura 2 ilustra el primer modelo de BSC planteado por Kaplan y Norton,  en el cual aparecen las cuatro perspectivas que según sus autores permiten a los directivos tener una visión general de su negocio: Perspectiva de los clientes, para comprender cómo ven los clientes a la empresa; Perspectiva Interna, para determinar las características de excelencia de la compañía; Perspectiva de innovación y aprendizaje, para analizar si se puede continuar creando valor; y Perspectiva Financiera para ofrecer una visión general a los accionistas.
Asimismo, en esta Figura 2 se ilustra un ejemplo de cómo se podría aplicar el BSC en una empresa de semiconductores, quien vio el Scorecard como un medio para clarificar, simplificar y luego operacionalizar la visión en la cúpula de la organización. Este fue diseñado para enfocar la atención de sus principales ejecutivos en una corta lista de indicadores cruciales de desempeño actual y futuro.
Figura 2. El Balanced Scorecard: un ejemplo para una empresa de semiconductores
Adaptado de: Kaplan y Norton (1992)

El enfoque balanced scorecard de Masiel
Por otra parte, Maisel (1992) también propone un modelo que es quizá uno de los más similares al de Kaplan y Norton (ver Figura 3), ya que coincide con sus cuatro perspectivas, en las cuáles centran los objetivos concretos de la estrategia y visión general de la compañía y desarrollan indicadores para cada una de estas perspectivas.
Aparentemente las diferencias entre el modelo de Masiel y el de Kaplan y Norton son prácticamente inapreciables. En él, Maisel insiste en la independencia de analizar los Recursos Humanos de los procesos, al medir su eficacia y eficiencia.

Figura 3. El enfoque balanced scorecard de Masiel
Adaptado de: Maisel (1992)

Modelo EP2M (Effective Progress & Performance Measurement) de Adams y Roberts
Otra propuesta es la de Adams y Roberts (1993), quienes proponen el modelo llamado EP2M (por sus siglas en inglés: Effective Progress and Performance Measurement), el cual está  centrado en el análisis de la evolución de los indicadores y donde la estrategia sigue manteniendo un rol esencial en la dirección de la empresa y la gestión del cambio (ver Figura 4).
En la parte superior del modelo de Adams y Roberts, la estrategia juega un rol esencial, siendo un punto de referencia importante en la dirección de la empresa y en la gestión del cambio. Por el contrario, en la parte inferior, la generación de valor supone un elemento importante desde la perspectiva del accionista. También la medición externa e interna juegan un papel notable en este modelo: en la parta derecha se busca la mejora en cuanto a eficacia y eficiencia de procesos, y en la parte izquierda el control del cliente y mercado resulta crucial.
Figura 4. Modelo EP2M (Effective Progress and Performance Measurement)
Adaptado de: Adams y Roberts (1993)

Adams y Roberts (1993) progresaron la evolución de los sistemas de medición mediante la promoción de su uso como medio de fomentar una cultura organizativa, en la que se ve el cambio constante como normal y que tiene un requisito fundamental para las medidas efectivas que se pueden revisar con prontitud y que proporcionan un rápido retroalimentación a los tomadores de decisiones. Su modelo es encapsulada por la fórmula EP2M: progreso efectivo y la medición del desempeño.
El Navegador de Skandia de Edvinsson
Asimismo, Edvinsson (1997), el principal arquitecto detrás de las iniciativas de Skandia desarrolló un modelo dinámico y holístico para la presentación de informes sobre Capital Intelectual llamado Navigator (ver Figura 5), el cual se constituye de cinco áreas de enfoque: financiera, clientes, procesos, la renovación y el desarrollo, y el capital humano.
Figura 5. Navegador de Skandia
Adaptado de: Edvinsson (1997)

El Navegador de Skandia es un sistema que trata de medir el capital intelectual en las organizaciones, que también se ha popularizado, pero no al nivel del BSC. Según el modelo de Skandia los factores ocultos del capital humano y estructural cuando se añaden juntos comprenden el capital intelectual. En resumen, el esquema de valor de Skandia contiene ambos bloques financieros y no financieros que se combinan para estimar el valor de mercado de la compañía. Esta conceptualización logra un equilibrio al tratar de representar tanto la información financiera y no financiera, el descubrimiento y la visualización de su capital intelectual, empatando su visión estratégica a las competencias centrales de la compañía, reflejan la tecnología de intercambio de conocimientos y activos de conocimiento más allá de la propiedad intelectual, y que refleja mejor su valor de mercado.
El informe Skandia utiliza 91 métricas más 73 métricas tradicionales para medir las cinco áreas de enfoque que componen el modelo Navigator. Varios índices pueden ser redundantes o de diversa importancia. Sin embargo, al tratar de utilizar su experiencia para crear un informe universal de IC, que todavía recomiendan 112 métricas.
La mayoría de los investigadores coinciden en que los considerables esfuerzos de Skandia para crear una taxonomía para medir los activos intangibles de una empresa ha envalentonado a los demás a mirar más allá de los supuestos tradicionales de lo que crea valor para las organizaciones. El modelo de Skandia es particularmente impresionante en el reconocimiento del papel del capital cliente en la creación de valor para una organización y cómo la naturaleza misma de relaciones con los clientes ha cambiado.
Por ejemplo, Edvinsson (1997) ofrecen cinco indicadores muy específicos de capital cliente: tipo de cliente, duración, de rol, de apoyo y de éxito como prueba de la importancia del papel desempeñado por los clientes en la creación de valor para las organizaciones. Skandia también ofrece una amplia cobertura de los factores estructurales y procesos de la organización que se centra en el proceso y de renovación y desarrollo contribuciones al valor de la organización que no se ha intentado antes.
El modelo Intangible Assets Monitor  (IAM) de Sveiby
            Adicionalmente, en la literatura se encuentra el modelo de Sveiby (1997), llamado Intangible Assets Monitor  (IAM) que se presenta en la Figura 6, que es un modelo que trata de medir los activos intangibles y ofrece un sencillo formato para la visualización de los indicadores más relevantes. La estrategia de la empresa nuevamente resulta relevante para la determinación de dichos indicadores.
En este modelo, Sveiby propone un marco conceptual basado en tres familias de activos intangibles: estructura externa (marcas, relaciones con clientes y proveedores); estructura interna (la organización: gestión, estructura legal, sistemas manuales, actitudes, la I + D, software); y la competencia individual (educación, experiencia). Mientras que la eficiencia de la estructura interna o "eficiencia operativa" de una organización ha sido históricamente parte de la mayoría medición tradicional, los otros dos activos intangibles en su modelo no lo son. Sveiby cree que el problema con el uso de medidas de estos dos activos no es que son difíciles de diseñar, en lugar de sus resultados parecen difíciles de interpretar ya que se correlacionan con los cambios en el rendimiento del negocio.

Valor de mercado
Activos tangibles
Activos intangibles
Estructura externa
Estructura interna
Competencia
Crecimiento
Son los
mismos
que los tradicio-
nales
Crecimiento orgánico
Inversión en TI y en estructura interna
Índice de Competencia, Número de años en la profesión, Nivel de Educación, Facturación  por Competencia
Innovación
Mejora de la imagen ante los clientes,  ventas a nuevos clientes
Mejora de la organización para los clientes, proporción de nuevos productos / servicios, nuevos procesos implementados
Mejora de la competencia para los clientes, costos de formación y educación, diversidad
Eficiencia
Rentabilidad por Cliente, Ventas por cliente, Índice de victorias / derrotas
Proporción de Personal de Apoyo
Proporción de profesionales, efecto multiplicador de profesionales, valor agregado por profesional, ganancias por empleado, beneficio de profesionales
Estabilidad
Índice de clientes satisfechos


Figura 6. Monitor de activos intangibles
Adaptado de: Sveiby (1997)
Sveiby también ha desarrollado un módulo de capacitación ejecutiva llamado TANGO, simulación que pretende ayudar a los directivos a entender cómo dar cuenta del capital intelectual mediante medidas similares que ha desarrollado en su modelo de IAM.

Comparación de modelos de medición del desempeño
En la Tabla 1 se comparan los sistemas de medición del desempeño presentados con anterioridad, indicando los niveles, perspectivas o categorías que buscan medir, así como las variables que propone medir para dar indicación del desempeño alcanzado.
Tabla 1. Sistemas de medición de desempeño
Elaboración propia a partir de McNair, Lynch y Cross (1990), Kaplan y Norton (1992), Maisel (1992), Adams y Roberts (1993), Edvinsson (1997) y Sveiby (1997)
Autor
Año
Modelo
Niveles/perspectivas
Variables que propone medir
McNair, Lynch y Cross
1990
Pirámide del desempeño para el control estratégico
1) Unidades de negocio
Mercado,  financieros.
2) sistemas operativos de negocio
Satisfacción del cliente, flexibilidad, productividad.
3) Departamentos y centros de trabajo
Calidad, entrega, tiempo de ciclo, desperdicios.
Kaplan y Norton
1992
Balanced Scorecard (BSC)
1) Clientes
Tiempo, calidad, desempeño y servicio, costo.
2) Interna
Tiempos de ciclo, calidad, habilidad de empleados, productividad, competencias y tecnologías clave.
3) Innovación y aprendizaje
Capacidad para: lanzar nuevos productos, crear mayor valor para el cliente, mejorar procesos, aumentar ingresos.
4) Financiera
Retorno sobre la inversión, beneficios por acción.
Maisel
1992
The balanced scorecard approach
1) Financieros
Liderazgo de mercado, incremento de ingresos, rentabilidad.
2) Clientela
Plazos de entrega, nivel de defectos, capacidad de respuesta, relación calidad/precio.
3) Procesos  de la empresa
Tiempo para llegar al mercado, defectos por proceso, rendimiento.
4) Recursos humanos
Ventas de nuevos productos, rotación.
Adams y Roberts
1993
Effective Progress and Performance Measurement
(EP2M)
1) De arriba a abajo
Implementación de la estrategia.
2) Externos
Clientes, mercados, proveedores, asociados.
3) Internos
Eficiencia y productividad de procesos.
4) De abajo a arriba
Empoderamiento de empleados.
Edvinsson
1997
Navigator
1) financiera
Ingresos por empleado, ingresos de nuevos clientes por ingresos totales, beneficios resultantes de las nuevas operaciones de negocios.
2) clientes
Días dedicados a visitar clientes, relación de contactos de ventas a ventas cerradas, clientes ganados frente a perdidos.
3) procesos
PC’s por empleado, capacidad de TI – CPU,  tiempo de procesamiento.
4) renovación y desarrollo
Índice de empleado satisfecho, gasto de formación / gastos administrativos, edad media de las patentes
5) capital humano
Gerentes con grados avanzados, facturación anual de personal, índice de liderazgo.
Sveiby
1997
Intangible Asset Monitor (IAM)
1) Crecimiento
Crecimiento orgánico, Inversión en TI y en estructura interna, años en la profesión, etc.,
2) Innovación
Imagen ante los clientes,  ventas a nuevos clientes,  proporción de nuevos productos / servicios, nuevos procesos, diversidad de competencias, etc.
3) Eficiencia
Rentabilidad por cliente, ventas por cliente, Índice de victorias / derrotas, proporción de personal de apoyo, valor agregado por profesional, ganancias por empleado, beneficio de profesionales, etc.
4) Estabilidad
Índice de clientes satisfechos

            Como se observa en la Tabla 1, todos los sistemas de monitoreo revisados buscan medir no sólo las medidas tradicionales, sino que proponen la medición de intangibles, como aquellos indicadores que permitirán conocer oportunamente la situación de la organización y tomar decisiones a tiempo, para orientar mejor el logro de los resultados esperados.
Indudablemente, de todos los modelos aquí presentados, el más popularizado es el de Kaplan y Norton, y por ende, es el cual ha sido aplicado en mayor medida, en diferentes tipos de contexto. Inclusive, este modelo se ha aplicado en el Instituto Tecnológico de Sonora, que es la organización que enmarca el objeto de estudio donde se ha desarrollado este proyecto, por lo que se considera la más conveniente para ser utilizada.
Conclusión
De acuerdo con la revisión de literatura, existe más evidencia a favor de la utilización del Balanced Scorecard como herramienta de dirección estratégica, por lo que se concluye que esta favorece el desempeño empresarial.
El BSC es una propuesta que se ha convertido en el estándar en la dirección y control, no sólo estratégico, sino también ha demostrado ser útil a nivel operativo, por lo cual se recomienda su utilización en cualquier situación que se requiera medir un desempeño.



Referencias
Adams, C., & Roberts, P. (1993). Your are what you measure. Manufacturing Europe, 504-517.
Edvinsson, L. (1997). Developing intellectual capital at Skandia. Long Range Planning, 30(3), 366-373.
Guerra-López, I. (2007). Evaluación y Mejora Continua: Conceptos y Herramientas Para la Medición y Mejora del Desempeño. Un Enfoque en Resultados e Impacto. Bloomington, Indiana: AuthorHouse.
Kaplan, R., & Norton, D. (1992). The balanced scorecard: Measures that drive performance. Harvard Business Review, 70(1), 71-79.
Maisel, L. S. (1992). Performance Measurement. The balanced scorecard approach. Journal of Cost Management, 6(2), 47-52.
McNair, C., Lynch, R. L., & Cross, K. F. (1990). Do financial and nonfinancial performance measures have to agree? Management Accounting, 72(5), 28-36.

Sveiby, K. E. (1997). The New Organizational Wealth: The New Organizational Wealth based Assets . San Francisco: Barrett-Kohler Publishers.

sábado, 23 de agosto de 2014

Evaluación para la mejora del desempeño: conceptos y modelos



Para tomar decisiones acertadas en cualquier ámbito de la vida, a nivel individual u organizacional, es necesario basarse en información confiable y válida. Lo cierto es que esta información no siempre está disponible, o simplemente el tomador de dicha decisión la desconoce, no tiene acceso a ella o no sabe cómo interpretarla y utilizarla en su provecho, por lo que es más común que el proceso de toma de decisión se realice de manera empírica y espontánea, basándose únicamente en el conocimiento previo y la experiencia de la persona. 
            Pero, ¿cómo saber si se están tomando las decisiones adecuadas? ¿Cuáles son las formas de indagación que se pueden utilizar para obtener la información necesaria para ello? En el presente ensayo se presentan tres diferentes procesos: la detección de necesidades, la investigación científica y la evaluación, profundizando en este último con un enfoque orientado a la mejora del desempeño.
            Asimismo, se trata de responder las siguientes interrogantes: ¿qué significa evaluar? ¿Para qué sirve una evaluación? y ¿cuáles métodos o modelos de evaluación se han propuesto a través de la historia moderna de la administración? Además, se presentan algunos estudios empíricos de diferentes organizaciones que han aplicado la evaluación como base para la mejora organizacional.



En un mundo que se transforma en función a las decisiones que se toman o no, es imprescindible utilizar herramientas o seguir métodos adecuados a cada situación que permitan generar y utilizar información relevante, confiable y válida para asegurar el logro de los resultados esperados a largo plazo, a través de un proceso de indagación que debería permitir orientarse hacia la mejora continua.
Existen diferentes formas de realizar esta indagación, tal como el proceso de detección de necesidades, la evaluación o la investigación científica (Guerra-López, 2007, págs. 19-22). En la Tabla 1 se presenta una comparación entre tres tipos diferentes de procesos de indagación y sus características fundamentales. Que se compare con otros procesos de evaluación, presentado las características de los mismos en una tabla.

Tabla 1. Tipos de procesos de indagación: características fundamentales
Fuente: Elaboración propia con información de Guerra-López (2007, págs. 19-22).

Criterios
Detección de Necesidades
Evaluación
Investigación Científica
Objetivo
Identificar información para la determinación de brechas entre los resultados actuales y los deseados.
Identificación de información relevante para mejorar objetivos y organizaciones específicas.
Avance del conocimiento científico o aplicación del mismo a una solución de un problema específico y definido.
Uso práctico
Determinar acciones para eliminar las brechas entre lo deseado y lo real.
Realizada para resolver interrogantes específicos y prácticos que resulten en la mejora del desempeño.
Conducidas sin un fin práctico en mente o para resolver interrogantes específicos y prácticos.
Punto de partida
Información cuantitativa y cualitativa disponible en informes de otras investigaciones.
Una investigación básica o aplicada previa que arrojó resultados válidos.
Una detección de necesidades y/u otros hallazgos de investigaciones.
Función
Ayudar a crear el futuro, brindando información para definir una visión a largo plazo, las brechas existentes entre resultados actuales y deseados, y las mejores soluciones para eliminar estas brechas y así lograr alcanzar esta visión.
Ayudar a determinar si se está dirigiendo hacia el futuro establecido en la detección de necesidades, determinando efectividad y eficiencia de soluciones implementadas, así como las causas de las brechas existentes entre resultados esperados y logrados.
Encontrar, interpretar y actualizar hechos, eventos, comportamientos y teorías.
Uso de los datos recabados
Anticipar el retorno a la inversión esperado, para potenciales intervenciones antes de implementarlas, mediante la recolección de información tanto acerca de resultados actuales y potenciales para que los tomadores de decisiones sean capaces de elegir la mejor alternativa.
Determinar si los resultados actuales coinciden con los esperados de determinada solución que ha sido implementada.
Consultar con otras fuentes para asegurar la confiabilidad de las suposiciones hechas, y tomas decisiones y acciones basándose en ellas.


              Según Guerra-López (2007, págs. 17,22), para seleccionar entre los tres mecanismos de indagación mencionados en la Tabla 1, se debe considerar el tipo de decisiones que serán tomadas con la información derivada de ellas. Los dos primeros casos, la detección de necesidades y la evaluación, las decisiones están impulsadas al cierre de brechas detectadas entre lo obtenido y lo deseado respecto a algún programa, intervención o solución implementada, y son desarrolladas por cualquier tipo de organización, mientas que la investigación científica aplicada es generalmente un método descriptivo conducido por instituciones educativas y/o de investigación.
              Por ejemplo, si  se desea saber qué programas, intervenciones o soluciones implementadas en una organización deberían continuar, ser revisadas o descontinuadas, debería utilizarse una evaluación orientada a la mejora, donde la información que se recabe se compare con los objetivos establecidos; pero si se desea tomar decisiones son respecto a qué resultados se debería lograr  y qué tipos de programas, intervenciones y soluciones ayudarían en su logro, entonces debe realizarse una detección de necesidades. Por último, un informe de evaluación puede ser utilizado como insumo para una investigación, influenciar en la pregunta de investigación y en el método para responderla.
              Así pues, para esta autora, la evaluación es aquel mecanismo más adecuado para la mejora, ya que permite identificar si se están logrando los resultados esperados al brindar retroalimentación, no sólo del valor o mérito del programa o solución, sino que a partir de este valor se tomen decisiones que conlleven a una mejora del desempeño, no sólo de los programas evaluados, sino de cualquier nivel de la organización donde se desarrolla: productos internos, beneficios organizacionales e impacto externo. (Guerra-López, 2007, págs. 9,12).
              En su esencia, el método de evaluación es simple: se comparan resultados con expectativas, identificando conductores y barreras presentes para lograr el desempeño esperado, y se elaboran planes de acción para cumplir  los objetivos organizacionales.
No obstante, a través de los años de la administración moderna se han presentado diferentes métodos y modelos que pueden ser tomados como referencia para realizar una evaluación. En la Tabla 2 se presenta un resumen de algunos de los modelos de evaluación más creativos reportados por Guerra-López (2007, págs. 44-55), conjuntamente con sus enfoques o perspectivas dentro del área de mejora del desempeño, los cuales pueden ser aplicados en contextos diferentes, tal como la mejora del desempeño.

Tabla 2. Modelos de evaluación: una descripción básica
Fuente: Elaboración propia con información de Guerra-López (2007, págs. 44-55).

Nombre del modelo
Autor, año de publicación
Enfoque
Fortaleza y/o debilidad
Evaluación Basada en Objetivos (Objective-Based Evaluation)
Ralph Tyler, 1949
Describe si se han logrado los objetivos o no, logrando que los resultados informen cómo manejar una nueva estrategia de implementación.
Una debilidad es que el evaluador puede pasar por alto resultados o beneficios inesperados de la implementación, más allá de las metas originales.
Cuatro Niveles de Evaluación (Four Levels of Evaluation)
Donald Kirpatrick, 1959
Considera cuatro niveles para la capacitación y mejora del desempeño: reacción; aprendizaje; comportamiento y resultados.
Una de sus características más atractivas para los capacitadores y clientes ha sido su simpleza, aunque esta simpleza acarreó también algunas críticas.
Evaluación Orientada al Consumidor (Consumer-Oriented Evaluation Approach)
Scriven, 1967
Enfocada en cubrir las necesidades de los consumidores/clientes y los ideales de la sociedad, más que en lograr los objetivos de quien implementa un determinado programa.
Su fortaleza es ser acumulativa, lo que permite decidir si el programa completo representa un avance lo suficientemente significativo como para justificar su gasto.
Modelo CIPP (Context, Input, Process, Product)
Daniel Stufflebeam, 1967
Incorpora elementos para la detección, planificación, implementación, y otras fases relevantes para el éxito del objeto evaluado.
Va más allá de los modelos de evaluación tradicionales
Evaluación de Discrepancias (Discrepancy Model of Evaluation)
Provus, 1971
Permite la definición de objetivos, recopilación de evidencia de cumplimiento con estándares; identificación de discrepancias entre lo esperado y lo logrado; y determinación de acciones para corregir discrepancias.
Una fortaleza de este modelo es que se presta fácilmente para un marco de auto-evaluación y un enfoque sistemático para la mejora.
Evaluación Libre de Metas (Goal-Free Evaluation)
Scriven, 1974
El evaluador se mantiene desinformado a propósito, respecto a las metas del programa, y se enfoca en sus efectos sin importar los objetivos que lo generaron.
Muestra la debilidad de brindar información imparcial de los eventos, aunque su fortaleza está en que encuentra información inesperada, su buena relación costo-eficiencia, su aceptación por los clientes.
Evaluación Centrada en la Sensibilidad/ Clientes (Responsive/ Client Centered Evaluation Approach)
Stake, 1975
Está basada en la concepción de que los evaluadores deben compartir los resultados observados con los esperados, asumiendo que las intenciones cambiarán y requerirán una comunicación continua entre evaluador y stakeholders, con el propósito de descubrir, investigar y solucionar temas importantes.

Método del Caso Exitoso (Case Succes Method)
Robert Brinkerhoff, 1981
Está basada en el hallazgo de casos de éxito extremos, y la falla en utilizar nuevas habilidades y herramientas obtenidas a partir del entrenamiento y otros programas de desempeño, para alcanzar logros organizacionales valiosos.
Soluciona algunas de las limitaciones encontradas en los modelos previamente mencionados
Evaluación Enfocada a la Utilización (Utilization-Focused Evaluation Approach)
Patton, 1997
Se enfoca en la utilización como un programa hecho para y con usuarios primarios intencionalmente específicos, para usos específicos e intencionales.
Su fortaleza es que está orientada a las decisiones, es decir, busca que las evaluaciones brinden información para la toma de decisiones.
Metodología de Retorno de la Inversión (Return on Investmen Methodology, ROI)
Jack Phillip, 1997
Comienza con los cuatro niveles previamente mencionados; pero además presenta una metodología elaborada para el cálculo del retorno de la inversión, para las soluciones de capacitación, aislando los efectos del entrenamiento, para poder atribuir costos y beneficios directos al programa de entrenamiento.
Ha recibido revisiones ambiguas respecto a sus fortalezas y limitaciones inherentes
Proceso Para Evaluar Impacto (Impact Evaluation Process)
Ingrid Guerra-López, 2007
Está basado en un flujo de proceso reiterativo, que permite a los evaluadores y a los stakeholders enfocarse en la alineación entre el objeto evaluado y el impacto de los resultados externos en clientes y la sociedad.
Es el modelo más formal y recientemente publicado.

              Como se observa en la Tabla 2, son muchos los modelos o enfoques que pueden ser utilizados cuando se realiza un proceso de evaluación, y aunque es posible identificar esfuerzos de evaluación desde la época de las grandes civilizaciones que vivieron antes de Cristo, la formalización de estos modelos aplicados a la administración moderna data desde el término de la segunda guerra mundial con las aportaciones de Ralph Tyler, y han venido evolucionando hasta el tema de la mejora del desempeño, ya que una evaluación que no se oriente a la mejora no sería de utilidad. Toda evaluación debe terminar en acción, de tal manera que se cierre el ciclo de mejora continua, el cual inicia con una fase de Planear y luego Hacer, para luego Verificar y Actuar en consecuencia, tal como lo popularizó Deming con el PHVA en los años 80 gracias a su contribución en las empresas japonesas.
En la actualidad, al revisar la literatura se pueden encontrar múltiples experiencias documentadas respecto a la aplicación de la evaluación, sobre todo asociada a la educación, como lo reporta Perez-Lindo (2007, págs. 583-584), quien explica que los programas evaluativos en la educación superior inició a fines de los años 1960 para estudiar y reformar las universidades, y que actualmente se potencializan con la emergencia de una sociedad que se produce a través del conocimiento.
              Este autor además indica que la construcción y el análisis de indicadores están normalmente vinculados a requisitos de las instituciones evaluadas, y que los criterios de evaluación suelen responder a exigencias del control de gestión, de la evaluación de resultados o de procesos.
              Asimismo, Marcano, Aular de Durán y Finol de Franco (2009, pág. 9) también han estudiado el fenómeno de la evaluación en la educación, muy específicamente de la evaluación de programas, indicando que juega un papel fundamental tanto en la búsqueda de la eficacia y la eficiencia que deben mostrar las instituciones educativas, como en su mejoramiento continuo. Estos autores explican que la evaluación es un mecanismo idóneo para el rendimiento de cuentas y el aseguramiento de la calidad.
              Generalmente, el método utilizado para realizar una evaluación incluye el establecimiento de los ideales que deben cumplirse, el diseño de un instrumento, la realización de trabajo de campo donde se recolecta los datos con su aplicación, se procesan e interpretan resultados determinando las brechas, y por último se plantean acciones para su cierre.
Un ejemplo de este método lo reporta Smith-Cayama (2006, pág. 1), quien realizó un trabajo de investigación de tipo descriptiva y de campo en un programa de una universidad en Venezuela, donde recolectó datos al aplicar un cuestionario con escala Likert, a una población de 99 profesores y 54 empleados administrativos, y una muestra de 71 individuos. Los resultados obtenidos permitieron diagnosticar la situación actual del clima organizacional de la institución, y dio lugar al planteamiento de estrategias para mejorar los procesos estudiados.
Sin embargo, también existen otros estudios de evaluación aplicados en otras organizaciones, tal como lo reporta Arellano-González, Ríos-Vázquez, Carballo-Mendívil, González-Valenzuela y Castillo-Rodríguez (2010, pág. 337), y Arellano-González y otros (2009, pág. 1), quienes presentan evaluaciones realizadas en organizaciones del sector privado de Ciudad Obregón, Sonora México, orientado a realizar un diagnóstico de los procesos de dos empresas, una dedicada a la elaboración de tocino y una productora de cítricos, y a partir de él establecer proyectos que permitieran la mejora de su desempeño. En estos estudios, de tipo descriptivo, la información se obtuvo al aplicar instrumentos con escala Likert respecto a cada uno de los procesos principales: planeación, abastecimiento, producción, entrega, administración de inventarios, y la mejora; los datos obtenidos se procesaron para cuantificar las brechas en cada proceso de manera individual, así como el impacto de las mismas en el resto, utilizando matrices de impacto; por último, se plantearon planes de mejora para cerrar dichas brechas.
              Así pues, no importa la organización de la que se trate, es muy importante que en cualquiera de ellas se tomen decisiones basadas en información, ya que de lo contrario, además de incumplir uno de los principios en los que se basa la gestión de calidad, se correrían riesgos de mantener programas poco eficaces o eficientes, afectando directamente en la capacidad de la organización por conseguir resultados a largo plazo. Asimismo, una evaluación que no lleve a la acción, resultaría ociosa ya que sólo generaría costos y no los beneficios que busca obtener toda evaluación.


En conclusión, una evaluación, independientemente del modelo que se utilice para llevarla a cabo, es una forma de indagación que permite generar información útil que no sólo puede ser utilizada para determinar el valor o mérito de los proyectos o programas que se implementan en las organizaciones, sino que también puede utilizarse para conocer el por qué se dieron dichos resultados, y el efecto que eso tiene en la consecución de los objetivos y metas organizacionales, de tal manera que pueda identificarse qué puede mejorarse y qué debe mantenerse tal cual está.
Sin embargo, una evaluación que no arroje como resultado una acción a implementar para modificar lo que se está siendo evaluado, no resultará especialmente útil, por eso siempre debe basarse en la premisa de la mejora del desempeño.




Referencias
Arellano-González, A., Carballo-Mendívil, B., Ríos-Vázquez, N. J., González-Valenzuela, Cervantes-Salomón, Á. I., & Enríquez-Cázares, R. A. (2009). Evaluación del desempeño organizacional de una empresa elaboradora de tocino ahumado. El Buszón de Pacioli, I(65), 1-30. Obtenido de http://148.223.70.73/publicaciones/pacioli/Documents/no65/4.pdf
Arellano-González, A., Ríos-Vázquez, N. J., Carballo-Mendívil, B., González-Valenzuela, E., & Castillo-Rodríguez, A. (2010). Evaluación del desempeño organizacional con un enfoque por procesos en una empresa productora de cítricos. En N. J. Ríos-Vázquez, J. Portugal-Vázquez, & A. A. Naranjo-Flores, Agregando+valor a un mundo globalizado (págs. 337-355). Ciudad Obregón: Instituto Tecnológico de Sonora.
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