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domingo, 3 de marzo de 2013

Modelos flexibles de estructura organizacional y el enfoque de procesos en una Universidad


La ingeniería organizacional es un concepto emergente y por ello existe poca literatura al respecto. Está asociado al uso de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), aunque tiene sus fundamentos en las teorías organizacionales clásicas y  los nuevos enfoques para la administración de organizaciones en la sociedad del conocimiento.
A continuación se presentan estos fundamentos y enfoques con la finalidad de exponer cómo su aplicación puede incrementar la eficacia y eficiencia de una organización inteligente, particularmente de una Institución de Educación Superior, y que esto le permita mejorar su posición competitiva en la aldea global.
I.                   Modelos para representarla los procesos y estructura de una organización
Como lo menciona Velásquez  (2006), los individuos se asocian en grupos como la familia, la iglesia, el ejército, las empresas, etc., por diferentes razones. Organización es lo contrario al caos, así que para evitarlo, se deben establecer un sistema donde se definan los procesos que permitan cumplir su objetivo, así como los roles de las personas y la manera en que se relacionarán entre ellos, considerando además el ambiente donde se inserta.
Tal como lo reporta Arellano, Carballo & Ríos (2012), existen múltiples modelos para representar los procesos de una organización empresarial, incluyendo el modelo de empresa de Anderton y Checkland, el modelo de Anatomía de la Performance de Geary Rummler, y otros clásicos como la cadena de valor de Michael Porter o el modelo de un sistema de gestión de calidad presentado por la norma ISO 9001.
Como lo menciona Espinosa (2011), aunque se pudiera pensar que los modelos para administrar organizaciones tienen siglos, la realidad es que éstos no rebasan los 200 años. Durante la Edad Media por cuestiones religiosas se calificaba de avaricia la acumulación de la riqueza y eso impidió el desarrollo de la empresa moderna como se conoce en la actualidad. Para que surgieran las empresas y las teorías para administrarlas fue necesario que personajes como Benjamín Franklin hiciera declaraciones relacionadas al hecho de que si a una persona le va bien significa que está en gracia de Dios.
Así pues, personajes como Henry Fayol quien propuso una teoría de la administración que sirvió para orientar a las empresas humanas, dividiendo a la actividad industrial total en seis funciones administrativas: 1) técnica (producción, manufactura, adaptación); 2) comercial (compra, venta, intercambio); 3) financiera (búsqueda y uso óptimo del capital); 4) seguridad (protección de propiedad y personas); 5) contable (inventario, hojas de balance, costos y estadísticas); administrativo (planificación, organización, dirección, coordinación y control)  (George & Álvarez, 2005).
Esta forma de organizar el trabajo de Fayol permitió que autores presentaran sus propuestas, tal como lo hizo Henry Mintzberg (2005) con su modelo de estructura organizacional, el cual representa cinco componentes básicos de la organización: 1) Cúspide estratégica (se encarga de que la organización cumpla con la misión y satisfaga a las partes interesadas; 2) Línea media (nexo entre la cabeza estratégica y el núcleo operativo); 3) Núcleo operativo (realizan las actividades relacionadas con la transformación de las entradas en salidas: abastecimiento, producción y entrega); 4) Staff de apoyo (relacionados indirectamente con la transformación de las entradas en salidas, por ejemplo: personal, mantenimiento o seguridad); y 5) Tecnoestructura (analistas que estudian la adaptación de la organización al entorno). Basándose en este modelo de cinco dimensiones,
Mintzberg (2005) propone una tipología de las organizaciones: 1) Simple, muy presente en las pequeñas empresas; 2) Burocracia maquinal, que se amolda bien a las empresas con entornos sencillos y estables y se halla también en las empresas maduras (las más conocidas son las empresas de producción en serie), 3) Burocracia profesional, presente por ejemplo, en hospitales y universidades; 4) Divisional, que funciona con eficacia en el sector privado; y 5) Adhocracia, que es un tipo de organización apropiado para entornos dinámicos y complejos: no puede valerse de planificación a largo plazo y necesita personal experto, lo cual exige descentralización y una organización orgánica.
Este modelo Adhocracia de Mintzberg (ver Figura 1), tal como lo explica Marroquin & Castroman (2003) integra las cinco partes que componen  una organización: la alta dirección, el nivel intermedio, el trabajo básico realizado por los operarios, loso analistas que participan en la planificación y control, y el staff de apoyo que proporciona servicios indirectos al resto de la organización. Las áreas sombreadas que aparecen en la Figura 1 son los grupos ad-hoc, equipos multifuncionales dedicados al desarrollo de proyectos concretos, que algunas veces son externos, los cuales gozan de gran autonomía y constituyen verdaderos centros de poder.
Figura 1. Modelo Adhocracia de estructura organizacional
Mintzberg citado por Marroquin & Castroman (2003)


Por su parte, Handy citado por Sánchez (2003), plantea tres nuevas formas organizativas, que atienden fundamentalmente a aspectos macroorganizativos. Uno de ellos es el modelo de trébol (ver Figura 2) que está compuesto por tres grandes áreas u hojas: 1) el núcleo profesional, compuesto por un conjunto de directivos que tienen una importancia esencial para la empresa y por trabajadores muy cualificados; 2) la subcontratación del trabajo no esencial para la organización; 3) la fuerza de trabajo flexible compuesta por trabajadores a tiempo parcial y/o trabajadores temporales, que se incluirán en la organización en función de las necesidades de la producción; y 4) el trabajo que se traspasa a los clientes (como el autoservicio de una gasolinera, el self-service en un restaurante, etc.). No es una hoja propiamente dicha porque la empresa no paga por este trabajo, pero es importante tenerla en cuenta ya que permite disminuir los costos de la organización.
Figura 2. Modelo de organización en trébol
Handy citado por Sánchez (2003)

El segundo tipo de estructura planteada por Handy es la organización federal (Figura 3), que es una variante evolucionada de la empresa divisional, y que su vez, cada una de las unidades descentralizadas podría estar estructurada en forma de trébol. Estas organizaciones son apropiados para grandes grupos empresariales diversificados y de ámbito multinacional: las divisiones siguen las instrucciones de la unidad central que es la que tiene la responsabilidad del plan estratégico (es el coordinador, consejero o asesor, y no el que controla, ya que supone que el centro nunca debería asumir tareas que puedan ser realizadas por unidades más pequeñas).
Figura 3. Modelo de organización federal
Handy citado por Sánchez (2003)
El último tipo de organización que Handy en esboza es la Organización Triple 1 u Organización Inteligente: "la triple 1” la constituye la inteligencia (en las personas y los sistemas), la información y las ideas (Innovación), y a partir de esto se puede dar valor agregado. Según este modelo, las organizaciones deben alcanzar la eficiencia basándose en gente inteligente ocupada en captar informaciones y generar ideas. Desaparece el concepto de “gerente” o “director” siendo que estos puestos ejecutivos serán ocupados por profesionales. Habrá líderes de equipos, de proyectos y la dirección dejará de ser un status para transformarse en una actividad (Marroquin & Castroman, 2003).
Por último,  Nonaka y Takeuchi indican la forma estructural creadora de conocimiento consiste en tres ámbitos organizativos (ver Figura 4): 1) el estrato burocrático en el cual la organización administra sus compromisos de mercado, de carácter operativo y económico, en el corto y medio plazo; 2) los equipos de trabajo o task forces temporales, que establecen las prioridades en el medio y largo plazo, sobre todo cuando se ocupan de proyectos de innovación en procesos o productos, y son deseables para la socialización y la externalización,; y 3) la recepción, almacenamiento y transformación del conocimiento, lugar que se le denomina el Ba (espacio compartido donde emergen relaciones basadas en la experiencia compartida, la confianza y los valores comunes). Existen cuatro tipos de Ba que se corresponden con las cuatro etapas en la creación de conocimiento: generador, comunicador, cibernético y ejercitador. 
Figura 4. Modelo de una estructura organizacional hipertexto
Nonaka y Takeuchi citado por Marroquin & Castroman (2003)
Por último se puede resumir que sea cual sea el modelo organizativo que se adopte, debe asegurarse de que este cuente con ciertas capacidades: 1) Flexibilidad (habilidad de la misma para responder a los cambios e incertidumbre del entorno); 2) Simplicidad (tendencia estratégica a aligerar estructuralmente las organizaciones); 3) Integración (creación y actuación con filiales externas); y 4) Conocimiento (búsqueda de ventajas competitivas sostenibles a largo plazo, convirtiéndose en una organización que aprende),
II.                Modelos organizacionales propuestos para una universidad
Como lo explica Riascos (2006), aunque tradicionalmente las organizaciones han tenido una estructura por funciones, que ha sido muy útil en el pasado, pero dadas las condiciones  actuales, es evidente que se deben adoptar otras formas organizacionales que aseguren su orientación hacia el cliente, tal como lo propone el enfoque basado en procesos que promueve la Organización Internacional para la Estandarización (ISO, por sus siglas en ingles).
Así pues, en la literatura se reportan diversos casos de éxito de organizaciones de todo el mundo que han implementado este enfoque, incluyen a las universidades. Por ejemplo, en Colombia la Universidad del Valle (2009) ha identificado los procesos que en ella se ejecutan para agregar valor a sus clientes, tal como se observa en la Figura 5.
Figura 5. Mapa de procesos de la Universidad del Valle
(Universidad del Valle, 2009)
Como se observa en la Figura 5, los procesos pueden clasificarse en diferentes categorías: los estratégicos relacionados con la dirección de la organización, los claves o principales que permiten el cumplimiento de su misión y los de apoyo que le dan soporte a ellos mismos y al resto de los procesos. En el caso de la Universidad del Valle, se observa que los procesos misionales están relacionados con las tres funciones sustantivas de toda Institución de Educación Superior: la docencia (formación), investigación (investigación y generación del conocimiento) y extensión (procesos de extensión y proyección social y desarrollo humano y social).
Un cambio como el que representa reorientar el trabajo de una universidad hacia el enfoque de procesos, implica la necesidad de realizar cambios en su estructura organizacional. Por ejemplo, tal como lo explican Cuamea y otros (2006), en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) México era piramidal, encabezada por la Rectoría, seguida por la Secretaría General, a la que vinculaban 20 dependencias incluyendo a direcciones generales, 32 unidades académicas y la unidad de planeación institucional. Esta estructura necesitaba renovarse para ser un verdadero apoyo a las nuevas características del contexto interno que la institución presenta, y a las cambiantes circunstancias del ámbito externo donde existe e interactúa. Por tal motivo, la reducción de la administración mediante el aplanamiento y adelgazamiento de la estructura organizacional, fue una acción encaminada a fortalecer el quehacer académico y la presencia institucional. Se buscó estrechar la vinculación entre las unidades académicas y las dependencias de la administración general, creando vicerrectorías regionales (ver Figura 6).
Adoptar una estructura curricular flexible implicó la desconcentración de funciones y recursos, transitar de un modelo altamente centralizado de toma de decisiones, a un sistema desconcentrado, en donde las diferentes unidades académicas pudieran tener perfiles y vocaciones para sí, pero con mecanismos adecuados para la comunicación y coordinación adecuadas entre la administración general, regional, y las unidades académicas. Además, se promovió la participación de los académicos en la toma de decisiones, siendo el funcionamiento de las academias en la Universidad un factor de gran importancia para lograrlo.
Figura 6. Nueva estructura organizacional de la Universidad Autónoma de Baja California
(Cuamea, y otros, 2006)

Méndez (2005), uno de los académicos de la UABC, indica que las organizaciones universitarias deben darse la oportunidad de ser congruentes con su concepto de universalidad y aceptar paradigmas innovadores para orientar y enmarcar sus tareas, así como los procesos y estructuras que les auxilian para cumplir con su misión en la sociedad actual y los compromisos con los grupos humanos que estén por venir en el futuro
Por ello se han presentado propuestas para organizar una universidad, como la presentada por Nila, Oaxaca, Olguín & Olivares, quienes diseñan su propuesta de una Institución Educación Superior mexicana para el año 2020 (ver Figura 7), que facilite transformar la universidad en una organización de aprendizaje, tomando como base tres parámetros de diseño organizacional: Diseño del sistema decisor, Agrupación en Unidades y Diseño de puestos individuales.
Figura 7. Estructura organizacional de una universidad mexicana en el año 2020
(Nila, Oaxaca, Olguín, & Olivares, 2011)

Esta propuesta tiene como objetivo primordial mejorar la educación que reciben los alumnos de Educación Superior en México, el cual debería ser común para toda propuesta que se plantee en cualquier universidad, ya que a partir de un diseño cómo este se puede obtener lo siguiente: 1) Cambiar las estructuras organizacionales basadas en jerarquías (niveles) y áreas funcionales heterogéneas (departamentos) a estructuras organizacionales que satisfagan las necesidades y expectativas de sus alumnos y clientes; 2) Posibilitar a través del cambio de estructura organizacional, que se vuelvan espacios de creatividad sostenida; y 3) Que se consoliden como instituciones donde el aprendizaje estratégico permita enlazar el conocimiento que se genera en la operación académica cotidiana, con las decisiones estratégicas para mantener las prácticas valiosas, pero también para adaptarse, responder y contribuir a las demandas que el entorno genera para las instituciones educativas contemporáneas.
Referencias
Arellano, A., Carballo, B., & Ríos, N. J. (2012). Madurez de procesos organizacionales en pequeñas empresas. Un modelo para mejorar su desempeño. Alemania: Editorial Académica Española.
Cuamea, F., Álvarez, J., Reyes, J. C., Cervantes, O., Martínez, L., Alcalá, M. d., y otros. (2006). Modelo educativo de la Universidad Autónoma de Baja California. Mexicali: Cuadernos de Planeación y Desarrollo Institucional.
Espinosa, F. (2011). Diseño y construcción de “Organizaciones Inteligentes”. Recuperado el 24 de Febrero de 2013, de Organizaciones que Transforman su Realidad S. C.: http://www.otr.com.mx/compartidos/Org%20Int.pdf
George, C. S., & Álvarez, M. d. (2005). Historia del pensamiento administrativo (2da ed.). México: Pearson Educación.
Marroquin, E., & Castroman, Á. (2003). Nuevos Enfoques Organizacionales para la Innovación. Estudio de caso: Odebrecht SA. Universidad de Sao Paulo, Departamento de administración. Brasil: Editoral Saravia.
Méndez, E. (2005). La Acción Urgente: Un Modelo Innovador de estructura organizacional para la Universidad Pública del Siglo Veintiuno. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.
Mintzberg, H. (2005). La estructuración de las organizaciones. Barcelona, España: Ariel Economía.
Nila, S., Oaxaca, G., Olguín, A. G., & Olivares, M. (Octubre de 2011). Creatividad y calidad académica: hacia una nueva estructura organizacional universitaria. Universidad Virtual, Escuela de Graduados en Educación. México: Sistema Tecnológico de Monterrey.
Retamales, H. E. (2000). La ingeniería organizacional en la integración de empresas. Argentina: Libros en Red.
Riascos, J. A. (2006). De la estructura por funciones al enfoque basado en procesos y a la visión sistémica de la organización. Revista Ciencias Estratégicas, 14(15), 37-46.
Sánchez, A. (2003). Organizaciones: nuevos retos, nuevos diseños. Investigaciones Europeas de Dirección y Economía de la Empresa, 9(1), 49-65.
Universidad del Valle. (Junio de 2009). Gestión por procesos en la Universidad del Valle. Recuperado el 27 de Febrero de 2013, de Página web de la Universidad del Valle. Sistema de Gestión Integral de Calidad -GICUV-: http://procesos.univalle.edu.co/documentos/CAPACITACION/Cartilla_capacitacion_procesos.pdf
Universidad del Valle. (2009). Procesos y Procedimientos. Recuperado el 27 de Febrero de 2013, de Página web de la Universidad del Valle. Sistema de Gestión Integral de Calidad: http://procesos.univalle.edu.co
Velásquez, A. (2006). Diseño de organizaciones para la creación de conocimiento. Escuela de Administración de Negocios(58), 5-25.

martes, 19 de febrero de 2013

Cambios en la economía y educación que exige un replanteamiento en el modelo de negocio de la universidad


Actualmente, el cambio se ha vuelto una constante y nadie escapa a sus consecuencias caracterizadas por el caos y la incertidumbre sobre el futuro. A todas las organizaciones se les plantea el reto de la sobrevivencia: en el mundo de los negocios, aquellos que se mueven demasiado lento o en la dirección equivocada no sobreviven.
              Y aunque a las universidades parecieran inmunes a esta dinámica, lo cierto es que han sido impactadas en mayor medida por el cambio y han tenido más complicaciones para adaptarse a las nuevas circunstancias: deben incrementar su cobertura, evaluarse y acreditar la calidad de sus programas, preparar profesionistas de acuerdo a lo que requiere el mercado y con una cultura emprendedora, ser eficientes, etc. ¿Qué ha sucedido en el mundo? ¿Cómo estos cambios afectan a las universidades? ¿Cómo deben afrontar a sus retos? ¿Qué se requiere para poder adaptarse y competir con los nuevos competidores que nacen con esta nueva estructura? ¿Cuál es el modelo de negocio que deben adoptar para sobrevivir en esta era del conocimiento?

Como lo indica Arboleda (2004), América Latina tiene que tomar en serio el reto que implica enfrentar la era del conocimiento que ha traído una revolución sin precedentes para la supervivencia de países dentro de un mundo cada vez más globalizado y tecnificado. El advenimiento de la revolución digital, países atrasados como Taiwán, Singapur, Corea del Sur, Irlanda,  India y China, comprendieron la importancia de ingresar en esta nueva era del conocimiento, pasando de la era agrícola a la digital o postindustrial.
              En la actualidad, países como México deberán considerar avances científicos y tecnológicos como los presentados en la biotecnología y el genoma humano que se han presentado desde la década pasada,  ya que marcarán el futuro de la humanidad. La empresa que prosperará seguramente será aquella relacionada con el campo de la biotecnología o la genética, por lo que se debe fomentar su formación masiva, inscribirlas en bolsa, promover la sociedad anónima, como a comienzos del siglo cuando surgieron las grandes empresas industriales, ya que las economías del conocimiento producen mucho más que las economías tradicionales, y el país que comprenda esto, prepare a su gente para entender lo que esto significa y pueda sacarles partido, será el país líder en el desarrollo intelectual, político y económico del mundo.
              Sin embargo, en América Latina presenta un problema educacional impresionante: el sistema educativo se ha dedicado a producir abogados, filósofos, sociólogos y humanistas, en una proporción de más del doble que de científicos, investigadores, ingenieros, físicos, químicos, matemáticos, que sean capaces de crear riqueza. Se debe fomentar y apoyar al estudiante prominente en las ciencias y en los descubrimientos, inteligente y capaz; diseñar un sistema de fomento que otorgue facilidades, becas, premios, reconocimientos, puestos de honor, a quienes muestren habilidades en el campo de la ciencia y la tecnología, como lo están haciendo la India.

Como comenta el futurólogo Alvin Toffler, el sistema educativo está obsoleto, ya que está diseñado para preparar a las personas de ayer y no para mañana. La acumulación de conocimientos e información está perdiendo valor dado que cualquier cosa que se obtiene con facilidad se devalúa, y actualmente esa acumulación de conocimientos es, y será todavía más en el futuro, el papel de las máquinas. Sin embargo, cuanto más se devalúan las respuestas más valiosas son las preguntas, por lo que el alumno del futuro, más que a contestar preguntas deberá aprender a plantear preguntas (Toffler, 2009).
Arboleda (2004) indica que se necesita desesperadamente cambiar el modelo educativo, promoviendo el uso masivo de computadoras conectadas a internet, además de una filosofía educativa que enfatiza más el “aprender” que el “enseñar” en el área pedagógica. Al mismo tiempo, rescatar a esos millones de niños de tres años en adelante y meterlos en el mundo del conocimiento. Si se logra que los niños de primaria se metan de lleno en el mundo digital, abriendo una ventana de oportunidad de acceso al mundo del conocimiento, y por su conducto se interesen además por otras disciplinas, tales como la biotecnología y la genética, la semilla habrá sido sembrada y se estará contribuyendo efectivamente a ese cambio de cultura y mentalidad.
Hopenhayn (2004) explica que una vez que se comienza a usar la red digital, ese uso crece exponencialmente y tiene un enorme efecto de contagio; que el uso mismo produce cierto expertise y éste puede  socializarse entre alumnos y entre éstos y profesores;  y que el estudio en red no aniquila a la enciclopedia sino que la hace accesible, amigable y adaptable a los usuarios.
Como lo menciona Laseter (2012), durante años los expertos han predicho que el aprendizaje en línea haría cambiar el modelo de operación básico de la educación superior. Pero es hasta ahora que esta transformación por fin parece que va a suceder: nuevos competidores parecen dispuestos a romper la estructura existente de las universidades. Éstas tienen que complacer a la demanda de educación de calidad, como de talento preparado que requieren los empleadores. Para ello, tienen que generar nuevas capacidades, reconsiderar su forma de atraer ingresos y gestionar mejor sus costos, es decir, repensar su modelo de negocio.
Para Alexander Osterwalder un modelo de negocio es una herramienta conceptual que permite expresar la lógica mediante la cual se ofrece valor a uno o varios segmentos de clientes (Márquez, 2010). En el caso de las universidades, este cliente pueden ser los empleadores, los mismos alumnos, los padres de familia, o la sociedad en general, y como lo menciona Wolf y de Maura (2004) para fomentar escuelas públicas más orientadas al mercado, las universidades deben medir sus logros, retribuir y/o sancionar a los responsables del éxito, descentralizar, dar incentivos que promuevan los resultados esperados, proporcionar medios para que la comunidad y los padres se involucren, promover la participación de la empresa, y cobrar al cliente
Como lo menciona Laseter (2012), lo primero que deben hacer las universidades es conocer a sus rivales, centrándose en lo que ofrece el Internet. Se puede iniciar con las universidades privadas y las universidades en línea, pero no sólo centrarse en sus éxitos, sino de sus fracasos, ya que aunque parece que han explotado un nicho, no han innovado realmente.
Luego, es importante conocerse a sí mismo, es decir, deben entender su "propuesta de valor", que pudiera estar en cualquiera de las cuatro dimensiones siguientes. 1) proceso de admisión: los empleadores valoran enormemente el proceso de admisión de una universidad, dado el sacrificio que puede significar para los solicitantes el ingreso; 2) creación de conocimiento: en un mundo que cambia rápidamente, la capacidad de construir sobre conocimiento fundamental y  poder adaptarse, puede ser un activo muy preciado, no sólo para los empleadores, sino para la sociedad en general; 3) certificación de competencias técnicas: los empleadores buscan certificación de habilidades; o 4) actividades extracurriculares: ofrecer una oportunidad para crear conexiones entre pares que realicen actividades estimulantes adicionales a lo curricular, que además ofrece la posibilidad de un empleo después de graduarse.
Como se observa en la realidad, diferentes instituciones compiten a lo largo de diferentes dimensiones. En México por ejemplo, las universidades tecnológicas deberían destacar en la certificación; las universidades estatales en actividades extracurriculares como el deporte y cultura; los tecnológicos y centros de investigación por la generación de conocimiento; y otras como las federales o centros de investigación por la excelencia en la selección de sus estudiantes. Pocas instituciones destacan en las cuatro dimensiones, y no está mal. Lo que si no es perdonado es que no haya definido en cuáles de estas cuatro dimensiones debe destacar, y cuáles debería dejar de lado, aprovechando Internet para entregar ese valor de manera más amplia y rentable.
El Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON), una Universidad Pública Estatal con Subsidio (UPES), se distingue por el deporte, aunque dada su autonomía, también ha buscado diferenciarse por su compromiso con la sociedad a la que se debe, por lo que desde el 2006 ha generado estrategias que le permitan contribuir en la generación de consecuencias sociales positivas en colaboración con la iniciativa privada y el gobierno Estatal y municipal, como la generación de empleos para sus egresados, la mejora de la calidad de vida de los habitantes del sur de Estado, etc. (Celaya, 2007). Sin embargo, se considera que para lograr esto, aún debe trabajar con sus procesos internos que le permitan genera los productos que la sociedad espera de ella: egresados calificados, nuevo conocimiento y/o su aplicación, y servicios de apoyo individual y social, aprovechando los recursos disponibles con los que cuenta y puede acceder.
Por último, como lo comenta Laseter (2012), se debe regresar a lo básico, a la difusión de conocimientos en lugar de solamente su creación, y el Internet puede permitirlo. Hoy en día, muchos académicos invierten sus esfuerzos en investigación y escribir artículos que serán leídos por otros académicos, dedicando poco tiempo a la formación de los estudiantes. Lo que nunca se debe perder es la esperanza, porque como lo dice el filósofo francés Edgar Morin (2011): lo que uno puede esperar no es el mejor de los mundos, si es un mundo mejor; todo tiene que ser reformado y transformado, se tiene que trabajar en diagnosticar, en transformar. Las reformas son solidarias, no son solamente institucionales, económicas, sociales, ellas son también mentales, y necesitan una aptitud para concebir y abrazar los problemas fundamentales, la aptitud que requiere una reforma del espíritu.

Conclusión
Las instituciones de educación superior tienen la capacidad de resolver la crisis que enfrentan en la actualidad. Sin embargo, para sobresalir en el nuevo entorno, deben comenzar con una articulación explícita de la propuesta de valor al cliente y diseñar un camino hacia delante, aprovechando la tecnología disponible para entregarlo. En pocas palabras, responder preguntas como: ¿se aprovecha la tecnología y el acceso a Internet, para generar la diferenciación como fuente de una ventaja competitiva?
A la luz del empeoramiento de los resultados y los costos crecientes, las instituciones de educación superior deben invertir sus recursos más conscientemente: necesitan tener una idea más clara, lógica, explícita de lo que ofrecerán para sobrevivir. La educación con tecnologías del siglo XXI es la única solución viable a largo plazo. Se tiene que educar masivamente, pero de una manera diferente, porque no hay presupuesto que aguante la manera tradicional: construir más escuelas y formar más profesores.
Sin duda la pedagogía basada en la memorización y presentación del conocimiento no podrá sobrevivir ante habilidades para relacionar datos y disciplinas heterogéneos en el trabajo en red.  Sin embargo, se deben considerar las tensiones que esto pudiera ocasionar entre alumnos que adquieren destrezas en el manejo de la red y profesores que sienten que pierden autoridad en el proceso pedagógico, o la incertidumbres respecto de la segmentación en la calidad del acceso.  
El uso cotidiano de las TIC suscita problemas que aún no se sabe cómo enfrentar, que tienen que ver con valores, actitudes y expectativas de los estudiantes que ocupan una parte importante de su tiempo frente a monitores. Adicciones a juegos y a la información ligera, baja tolerancia a la frustración, pocas expectativas hacia el futuro, dificultad para racionalizar esfuerzos, resistencia a la lectura como medio de aprendizaje y a investigación en profundidad y de larga duración sobre un tema, deslegitimación de la autoridad de profesores y otros adultos, excesivo utilitarismo en la relación con el conocimiento, pocas relaciones cara a cara y menor capacidad de expresión oral, pueden ser algunos de estos problemas que deben considerarse.
Referencias
Arboleda, R. (Agosto de 2004). Cuando el futuro nos atropella, o educación, paz y futuro. Perspectiva(5), 76-79.
Celaya, R. (2007). Contribuciones de las Instituciones de Educación Superior a la generación de consecuencias sociales positivas: El caso del Instituto Tecnológico de Sonora. Ciudad Obregón: AuthorHouse.
Hopenhayn, M. (Agosto de 2004). Brechas de sentido: entre las TIC, la cultura y la educación. Perspectiva(5), 64-67.
Laseter, T. (2012). The University’s Dilemma. Strategy-Business Global Perspective(69), 1-6.
Márquez, J. F. (2010). Innovación en modelos de negocio: la metodología de Osterwalder en la práctica. Revista MBA EAFIT, 30-47.
Morin, E. (2011). La Vía. Para el futuro de la Humanidad. España: PAIDOS.
Toffler, A. (8 de Noviembre de 2009). La educación para el mañana. EstrategiaMagazine.com. YouTube.
Wolf, L., & de Maura, C. (Agosto de 2004). ¿Educación pública o privada? Una falsa disyuntiva. Perspectiva(5), 72-75.

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