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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Origen de la cultura como concepto y características de la cultura mexicana



El concepto de cultura ha sido usada por el hombre con una infinidad de sentidos desde hace mucho tiempo. El término es muy comúnmente asociado para denotar las distintas civilizaciones que habitan en la tierra, y en la actualidad ha sido objeto de múltiples estudios, sobre todo para tratar de entenderlas en un mundo globalizado donde las fronteras entre los pueblos son traspasadas fácilmente.
Así pues, para poder realizar este tipo de estudios es importante responder antes algunas interrogantes como: ¿Qué es y cuál es el origen del término cultura? ¿Qué disciplinas la estudian? ¿Quiénes han sido sus precursores? ¿Cómo ha sido la evolución de su estudio? Asimismo, es importante entender las características de una cultura como la mexicana, por lo que en este breve ensayo se pretende identificar algunas de ellas y responder a las preguntas anteriormente planteadas.


Origen del término cultura y sentidos en los que se ha empleado a través de la historia
La palabra cultura proviene del participo pasivo de un verbo latino que puede conjugarse de la siguientes manera: “colo, colis, colere, colui, cultum”, el cual significa: cultivar, cuidar, tener cuidado, prestar atención (Lerma-Martínez, 2005, págs. 25-26). Así pues, en distintas etapas de la vida del hombre, el término ha sido usado en diversos sentidos, tal como se explica en la Tabla 1. El primero uso es el relacionado con el sentido material respecto a la relación hombre-tierra; luego apareció el sentido espiritual que denotaba la relación del hombre con los dioses de la tierra. Posteriormente, ambos significados (material y espiritual) se unen generando así un sentido humanista, y luego el término se utiliza para describir a los artistas, literatos y la clase poderosa que formaban una elite.

Tabla 1. Sentidos en los que se ha empleado el término cultura
Sentido
Etimología aplicada
Periodo
Descripción del uso
Material
colere terram = cultivar la tierra
Hasta la Edad Media
Relación del hombre con la tierra como productor
Espiritual
colere deos loci; cultus deorum = venerar/prestar atención/cuidar a dioses de la tierra protectores del lugar
Hasta la Edad Media
Relación del hombre con los dioses que veneraba
Humanista
--
Durante la Edad Media (siglo V al XV)
En los monasterios, donde se reza y trabaja la tierra
Cultura mentis
Aplicado a los burgueses (gente con poder).
Cultura animi = conocimiento y elegancia de la persona culta
Renacimiento (siglo XV y XVI)
Se utiliza para describir a los artistas, literatos y la clase poderosa que formaban una elite.
--
En el siglo XVII
Para denotar aquella persona que ha sido sometido a un proceso educativo en el que adquiere conocimientos, modales, buena apreciación del arte, etc.
Social colectivo
--
A partir del siglo XIX
Para describir algo que tiene que ver con las poblaciones y naciones.
Étnico
--
Para denotar a la cultura de una determinada sociedad
Universal
--
Para describir una civilización (hábitos lingüísticos, tradiciones populares, costumbres, creencias, formas de actuación y de valoración)

Como se observa en la Tabla 1, es a partir del siglo XIX que la palabra cultura comenzó a usarse en un sentido social colectivo, como algo que tiene que ver, no tanto con el individuo, sino con las poblaciones y naciones, así como en el sentido étnico para denotar a la cultura de una determinada sociedad, y en un sentido universal porque pertenece a toda la humanidad) donde cultura equivale a civilización; es así como el término toma un significado antropológico, como una condición que engloba los hábitos lingüísticos, tradiciones populares, costumbres, creencias, formas de actuación y de valoración.

Disciplinas enfocadas al estudio de la cultura: Antropología cultural y social y Sociología
Una de las disciplinas a través de la cual se estudia a la cultura es la antropología, que tal como lo explica Aróstegui (1995, pág. 219), es la ciencia donde el concepto de la cultura es básicamente el instrumento en el que basa toda su campo de estudio.

              Específicamente la antropología cultural y social, centra su estudio en el conocimiento del ser humano por medio de sus costumbres, relaciones con sus padres, estructuras políticas y económicas, urbanismo, medios de alimentación, salubridad, mitos, creencias y relaciones con su  ecosistema. La denominación antropología cultural, muy usada en estados unidos, suele aplicarse a los trabajos etnográficos orientados hacia las formas en que la afecta a la experiencia individual, mientras que la social, aplicada más en Gran Bretaña, son estudios donde se procura aislar un sistema determinado de relaciones sociales, dando prioridad a las bases organizativas de la vida social. Es decir, la antropología cultural procura comprender el total de la vida cultura humana y la social se concentra en las bases organizativas de las sociedades humanas (Barfield, 2000, págs. 34,37).

              La antropología social como ciencia ha trabajado a partir de la idea de que todas las sociedad humanas tienen elementos en común, y que las diferencias pueden entenderse sobre la base de principios universales. La antropología cultural en cambio, opera con el postulado de que cada cultura tiene que ser entendida como única por ser algo peculiar, algo distinto a las demás (Barfield, 2000, pág. 37).

              Asimismo, se puede mencionar a la sociología como otra de las ciencias sociales, que puede confundirse con la antropología social, ya que  estudia a la sociedad humana dentro del contexto histórico-cultural en el que se encuentra, más concretamente a las diversas colectividades, asociaciones, grupos e instituciones que los humanos forman y las relaciones que estos mantienen entre sí; investiga la estructura, los procesos y la naturaleza de la sociedad humana en general (Giner, 2010, págs. 15-16).

Precursores de la Antropología cultural y social y de la Sociología
El antropólogo británico Edward Tylor (1832-1917) es un precursor de la antropología cultural, y el estadounidense Lewis Henry Moran (1818-1881) llegó a ser una figura fundamental de la antropología social británica.

Asimismo, otros muchos antropólogos han contribuido a la disciplina. Por ejemplo, de la antropología social se pueden mencionar británicos como Henry Sumner Maine (1822-1888), William Robertson Smith  (1846-1894), J.F. McLennan (1827-1881) y Alfred Radcliffe-Brown (1881-1955), el suizo J.J Bachofen (1815-1887), el danés Carl Starke (1858-1926), el finlandés Edward Westermarck (1862-1939), el holandés Arnold van Gennep (1873-1952) y los franceses Émile Durkheim (1858-1917), Marcel Mauss (1872-1959) y Robert Hertz (1882-1915). Sin embargo, en las descripciones de los orígenes de la disciplina las figuras clave no son pensadores como los ingleses Thomas Hobbes (2588-1679) y John Locke (1632-1704) quienes especularon acerca de las condiciones fundamentales de la sociedad, sino Montesquieu (1689-1755), Adam Ferguson (1723-1816) y Adam Smith (1723-1790), quienes procuraron extraer principios generales de las interrelaciones estructurales en las sociedades (Barfield, 2000, págs. 34-35,37)
 
Respecto a la antropología cultural, cuyas raíces se encuentran en la filosofía historicista alemana y el pragmatismo norteamericano, le han aportado geógrafos históricos alemanes como Karl Ritter (1779-1859) y Adolf Bastian (1826-1905), Morgan Henry Schoolcraft (1793-1862) y John Wesly Powell (1834-1902). De igual manera aparecen autores como los norteamericanos Franz Boas (1858-1942) y Cifford Geertz (1926-2006); este último opinaba que el objeto de la antropología como disciplina, sin hacer distinciones entre lo social y cultural, era estudiar la diversidad cultural en todas sus facetas a través de la observación de la conducta humana en su contexto cultural. Como se puede observar, los pensadores que aportaron a la antropología cultural pertenecen en su mayoría al siglo XIX, aunque es importante mencionar que esta disciplina es una continuación del impulso intelectual de describir el mundo tal como parece ser de viajeros observadores y autores de historia natural desde épocas del Renacimiento, (Barfield, 2000, págs. 35,37)

Por su parte, tal como lo menciona Giner (2010, pág. 17) la sociología tiene su precedente  a nombres como los franceses Henri de Saint-Simon (1760-1825), Auguste Comte (1798-1857) y Émile Durkheim (1858-1917), los alemanes Karl Marx (1818-1883), Georg Simmel (1858-1918), Ferdinand Tönnies (1855-1936) y Max Weber (1864-1920), los británicos Herbert Spencer (1820-1903), Harriet Martineau (1802-1876) y Beatrice Potter Webb (1858-1943), el italiano Vilfredo Pareto (1848-1923), el estadounidense Talcott Parsons (1902-1979), el austriaco Alfred Schütz (1899-1959), entre otros, aunque ya desde la Edad Media se habían realizado reflexiones sociológicas, tales como las del árabe Ibn Jaldún (1332-1406).

Evolución en su estudio
Como ya se ha mencionado, a lo largo de la historia el concepto de cultura fue evolucionando hasta lo que es hoy. Junto a las diversas escuelas de pensamiento, los autores crearon teorías y definiciones que configuraron lo que hoy se considera cultura en el sentido antropológico. Con estas teorías, los estudiosos enriquecieron su sentido, abriéndole nuevas perspectivas, pero en el propio proceso actual de globalización en el que se está inmerso, presenta nuevas cuestiones y desafíos para la reflexión antropológica.

             Hay teorías que ponen sobre relieve a la tendencia sociológica, otras que consideran a la cultura como algo indefinido, una confusión, estructurada de símbolos y significados, una sobrevaloración del concepto, una invención de los antropólogos. Hay definiciones de tipo analíticos y otras de tipos más sintético.

Definiciones clásica y contemporánea del término cultura
La definición clásica del concepto de cultura apareció en Inglaterra a finales del siglo XIX con los postulados del poeta Mathew Arnold en su libro “Cultura y anarquía”, quien la definió como la consecución de la perfección, y de Edward B. Tylor (el padre de la antropología) que la describió como un conjunto complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y varias otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad, que constituyen patrimonio de determinado grupo social (Lerma-Martínez, 2005, pág. 26). Posteriormente el concepto de cultura se fue enriqueciendo con varias contribuciones, tal como se muestra en la Tabla 2.

Tabla 2. Desarrollo del concepto de cultura
Fuente: Elaboración propia con información de Lerma-Martínez (2005, págs. 26-27)
Autor
Origen / año
Definición de cultura
Afirmaciones a destacar de la definición
Edward B. Tylor
Inglaterra, 1871
Conjunto complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y varias otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad
La cultura se adquiere por el hombre como miembro de una sociedad, no por transmisión biológica; existen tantas culturas como sociedades; la cultura es algo complejo que puede descomponerse en elementos.
Concilio Vaticano II
Italia, 1959
Se refiere al progreso del individuo que desarrolla todas sus potencialidades gracias a la aplicación de su inteligencia y talentos; mentalidades de un grupo humano.
La cultura tiene una dimensión humanista (“bienes y valores de la naturaleza); histórico y social, sociológico y etnológico y la pluralidad de culturas; todos tienen derecho a la cultura.
Vinigi L. Grotanelli
Italia, 1965
Es toda la actividad consiente y deliberada del hombre como ser racional y como miembro de una sociedad, y el conjunto de las manifestaciones concretas que derivan de aquella actividad.
La cultura es la expresión del hombre como individuo y como miembro de una sociedad; hay una distinción entre acciones, el pensamiento y la voluntad, y la fisiología que pueden transformarse en acciones culturales.
Clifford Geertz
Estados Unidos, 1988
Una estructura de significados, transmitidos históricamente, materializados simbólicamente, para comunicar y desarrollar el conocimiento humano y las actitudes para la vida; una lógica informal de la vida real y del sentido común de una sociedad que funciona también como control.
El significado que encierra la cultura expresados a través de la lengua simbólica; los sistemas en que se encuadran las cultura que forman como un tejido dotado de sentido; el dinamismo de la cultura a la que mantienen viva
José Luis Augusto Castro
Colombia, 1988
Conjunto de relaciones del hombre con la naturaleza, con sus semejantes y con Dios, con sus expresiones, instituciones, significados y comportamientos.
La cultura tiene una parte ideal y una parte real, la primera indica el comportamiento que deberían tener, mientras que la segunda es lo que realmente hacen y experimentan

            Partiendo de las definiciones explicadas en la Tabla 2, se puede concluir que la cultura es un conjunto complejo de significados aceptados por una sociedad, respecto a comportamientos, valores, conocimientos, experiencias, etc. que forman parte del patrimonio de un pueblo o civilización, la cual está influida por sus condiciones naturales como las geográficas y climáticas, así como por los sucesos que han enriquecido su historia.

Cultura del mexicano: algunos elementos que la caracterizan
La cultura de México, como la de muchos otros países que han sido conquistados, refleja su realidad como una mezcla de culturas que incluye elementos de diversas tipos: antiguos (de los pueblos prehispánicos del período colonial), reciclados (de otras culturas como la norteamericana) y modernos, aunque como lo menciona Maldonado (2010, pág. 236), la cultura mexicana nunca ha sido moderna, sino que ha mantenido rasgos premodernos. Este autor dice que es una cultura estancada, indispuesta a avanzar y progresar, que prefiere dar la vuelta sobre sí misma, y busca la razón remontándose al inicio de la historia del mexicano desde los aztecas. Explica que esta civilización realmente nunca se sintió dueña de la tierra a la que habían llegado después de un largo peregrinaje (siempre la consideraron prestada) y que basaron su imperio bajo este signo; después, durante la Colonia, tanto indios como españoles sabían que se habían convertido en “una raza intermedia”: ya no eran totalmente indios ni totalmente españoles; hasta llegar a la actualidad, el mexicano ha sido pensado e imaginado como un ser ambiguo, ya sea que se acuse de inacabado o que se vea a sí mismo como un espíritu lleno de contradicciones.

            Asimismo, la cultura mexicana se ha dejado influenciar por lo extranjero, y eso se puede ver desde los hechos sucedidos con La Malinche en tiempos de la conquista de Hernán Cortés, así como en épocas posrevolucionarias de Porfirio Díaz, donde se vivió una imposición cultural dado que la élite gobernante estaba endiosada con lo extranjero, específicamente de lo francés y anglosajón, a lo que consideraba como superior a todo lo nacional: lecturas, formas de hablar, modas, vestido, costumbres, etc. (Magallón-Anaya, 2007, pág. 13).

Además, tal como lo menciona De la Peña (1994, pág. 157), del mundo colonial llegó un cúmulo de símbolos comunitarios y corporativos tradicionales: los santos patronos del barrio, los edificios que alojaban cabildos o cátedras episcopales, siendo el símbolo español por excelencia una imagen religiosa: la virgen de Guadalupe. Pero tras la independencia, los nuevos gobiernos se propusieron la tarea de crear nuevos símbolos nacionales, como la bandera y el escudo, el himno, la Constitución y todos los héroes cívicos que habrían de sustituir a los santos católicos, para inducir al pueblo el amor a la patria y al pueblo, la defensa del territorio y el apego a la ley. Aunque, como lo menciona Maldonado (2010, pág. 238), en realidad los mexicanos no caminan al pie de la letra de la ley, mencionando sus orígenes en el incumplimiento a las Leyes de Indias en la América española, la cual concedía ciertas prerrogativas a los indios: “la ley se obedece, pero no se cumple”. Desde entonces, el problema del mexicano es hacer que coincidan el enunciado y la práctica.

Otra hipótesis que sustenta Girola (2011, pág. 101) es que los miembros de la sociedad mexicana desarrollan una compleja gama de “predisposiciones” a actuar que pueden implicar el no respecto al orden normativo convencionalmente aceptados. En ese sentido puede hablarse de una arraigada cultura de la transgresión en México.

              Howell y otros (2007, pág. 450) mencionan que gran parte de la sociedad mexicana es muy tradicional, con énfasis en la familia, machismo (los hombres tienen rango superior al de las mujeres), así como un liderazgo paternalista y autocrático en aquellos que muestran  autoridad centralizada; además, los mexicanos demuestran gran respeto y cooperación con aquellos que son más altos en la jerarquía social, y las relaciones personales con la familia y amigos a menudo tienen prioridad sobre otras cosas.

              Respecto a la estructura familiar de los mexicanos estos autores explican que muy estrecha, y que tienen una fuerte figura paterna y de devoción hacia los los miembros de la familia, que ha sido una fuente de crianza, protección y apoyo en contra de sus circunstancias, que han sido consecuencia en su mayoría por los malos gobernantes que han tenido durante generaciones. Muchos mexicanos se han sentido traicionados por la gran cantidad de gobiernos que los han explotado o ignorado sus necesidades, es por eso quizás que a menudo se comportan de forma individualista cuando están fuera de propias familias (son protectores de su "territorio") y este tipo de individualismo social a menudo desalienta a las organizaciones donde se involucran y anima a las personas a aprovechar las oportunidades aunque se valgan de los demás.

              Además, se podría agregar el hecho de que el tiempo para los mexicanos se ve sin ningún sentido de urgencia para la puntualidad y la planificación a largo plazo no es importantes, preocupándose sólo por el hoy porque el futuro es incierto y siempre tendrán a la familia para salir de los apuros.

Además, vale la pena mencionar a la gastronomía como otro elemento fundamental de la cultura mexicana, la cual también se funda en el encuentro de los alimentos de los dos pueblos: de los nativos de México son el maíz, chile, frijol, calabaza, aguacate, camote, jitomate, cacao, el guajolote y técnicas de cocina como la nixtamalización, cocimiento en hornos a ras de tierra y la molienda en molcajete; el español aportó carnes de puerco, res y pollo, pimienta, azúcar, leche, trigo, cítricos, etc. De esta mezcla se crearon los típicos platillos mexicanos como el pozole, mole, barbacoa, tamales, chocolate, tacos y todos los antojitos mexicanos, atole, champurrado, jamaica, horchata, dulces cristalizados, rompope, cajeta, tequila, etc. Asimismo, otros pueblos también han aportaron, tal como lo hizo China con el arroz, Alemania y los quesos menonitas, los americanos y el pan de caja, entre otros (Camarena-Rosales, s.f).

              Así pues, se podría resumir que actualmente en la forma de vida del mexicano  destacan algunas características como como su alegría, sus valores, la unidad de familias nucleares y ampliadas, el respeto, el trabajo duro de la tierra y la solidaridad con la comunidad en momentos díficiles, así como aspectos religiosos relacionados con la veneración a la Virgen de Guadalupe, de la cual esperan que les haga “el milagro”. Además, se observa un alto colectivismo familiar, prominencia de relaciones interpersonales y un individualismo social, lo que pueden ser vistos como una respuesta a las debilidades de las instituciones públicas (falta de unidad a nivel social), así como una respuesta a la prevalencia de alta distancia del poder y el autoritarismo.


Como conclusión se puede decir que la cultura es algo complejo de definir, dado a las características que ha venido adquiriendo el término desde su origen hasta la actualidad, y los diferentes enfoques que han tenido los estudios que han girado en torno a ella dentro de ciencias como la sociología y la antropometría.
Dentro de este concepto caben elementos como comportamientos, valores, conocimientos, experiencias, etc., y que conforman el patrimonio de una sociedad tal como la mexicana, que aunque se ha conformado de la mezcla de otras diversas culturas, pero que ha generado su propia identidad a través de la historia, y que actualmente es describa por características como su alegría, el valor que le proveen a la familia y otras relaciones personales, la fuerza con que se venera a la virgen de Guadalupe, su sentido paternalista, entre otras.
Lo que queda claro es que todas estas características que conforman la cultura de cualquier pueblo, van a tener un impacto, positivo o negativo, en el ámbito organizacional, por lo que se tienen que considerar cuando se estudia el desempeño organizacional. Así pues, en México no se debe olvidar la forma individualista que presenta sus paisanos, el sentido que le dan al tiempo y a la puntualidad, o su incapacidad para planear a largo plazo, y trabajar con esto para lograr que se integren a la organización y poder así, lograr los propósitos de ambas partes.



Referencias
Aróstegui, J. (1995). Símbolo, palabra y algoritmo. Cultura e historia en tiempos de crisis. En J. Peña, Cultura y culturas en la historia (págs. 205-234). Salamanca, España: Ediciones Universidad de Salamanca.
Barfield, T. (2000). Diccionario de antropología. México: Siglo veintiuno editores.
Camarena-Rosales, S. (s.f). Gastronomía Mexicana: Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Obtenido de Televisión Educativa: http://www.televisioneducativa.gob.mx/cete/index.php/articulos/436-gastronomia-mexicana-patrimonio-cultural-inmaterial-de-la-humanidad
De la Peña, G. (1994). La cultura política mexicana. Reflexiones desde la antropología. Estudios sobre las Culturas Contemporaneas, VI(17), 153-166. Obtenido de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=31661709
Giner, S. (2010). Sociología (2da ed.). Barcelona: Ediciones Peninsula.
Girola, L. (Enero-abril de 2011). La cultura de la transgresión. Anomias y cultura del "como si" en la sociedad mexicana. Estudios Sociológicos, XXIX(85), 99-129. Obtenido de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59820809004
Howell, J. P., De la Cerda, J., Martínez, S. M., Prieto, L., Bautista, J. A., Ortiz, J., . . . Méndez, M. J. (Diciembre de 2007). Leadership and culture in Mexico. Journal of World Business, 42(4), 449-462. doi:10.1016/j.jwb.2007.06.006
Lerma-Martínez, F. (2005). La cultura y sus procesos. Antropología cultural: guía para su estudio. Murcia, España: Laborum.
Magallón-Anaya, M. (Agosto-diciembre de 2007). Samuel Ramos y su idea de cultura en México. Temas de Ciencia y Tecnología, XI(23), 13-22. Obtenido de http://www.utm.mx/temas/temas-docs/ensayo2t33.pdf

Maldonado, M. (2010). Mexi-canos. Cultura mexicana y posmodernidad. IUS. Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla A.C., I(25), 236-246. Obtenido de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=293222977014

sábado, 23 de agosto de 2014

Evaluación para la mejora del desempeño: conceptos y modelos



Para tomar decisiones acertadas en cualquier ámbito de la vida, a nivel individual u organizacional, es necesario basarse en información confiable y válida. Lo cierto es que esta información no siempre está disponible, o simplemente el tomador de dicha decisión la desconoce, no tiene acceso a ella o no sabe cómo interpretarla y utilizarla en su provecho, por lo que es más común que el proceso de toma de decisión se realice de manera empírica y espontánea, basándose únicamente en el conocimiento previo y la experiencia de la persona. 
            Pero, ¿cómo saber si se están tomando las decisiones adecuadas? ¿Cuáles son las formas de indagación que se pueden utilizar para obtener la información necesaria para ello? En el presente ensayo se presentan tres diferentes procesos: la detección de necesidades, la investigación científica y la evaluación, profundizando en este último con un enfoque orientado a la mejora del desempeño.
            Asimismo, se trata de responder las siguientes interrogantes: ¿qué significa evaluar? ¿Para qué sirve una evaluación? y ¿cuáles métodos o modelos de evaluación se han propuesto a través de la historia moderna de la administración? Además, se presentan algunos estudios empíricos de diferentes organizaciones que han aplicado la evaluación como base para la mejora organizacional.



En un mundo que se transforma en función a las decisiones que se toman o no, es imprescindible utilizar herramientas o seguir métodos adecuados a cada situación que permitan generar y utilizar información relevante, confiable y válida para asegurar el logro de los resultados esperados a largo plazo, a través de un proceso de indagación que debería permitir orientarse hacia la mejora continua.
Existen diferentes formas de realizar esta indagación, tal como el proceso de detección de necesidades, la evaluación o la investigación científica (Guerra-López, 2007, págs. 19-22). En la Tabla 1 se presenta una comparación entre tres tipos diferentes de procesos de indagación y sus características fundamentales. Que se compare con otros procesos de evaluación, presentado las características de los mismos en una tabla.

Tabla 1. Tipos de procesos de indagación: características fundamentales
Fuente: Elaboración propia con información de Guerra-López (2007, págs. 19-22).

Criterios
Detección de Necesidades
Evaluación
Investigación Científica
Objetivo
Identificar información para la determinación de brechas entre los resultados actuales y los deseados.
Identificación de información relevante para mejorar objetivos y organizaciones específicas.
Avance del conocimiento científico o aplicación del mismo a una solución de un problema específico y definido.
Uso práctico
Determinar acciones para eliminar las brechas entre lo deseado y lo real.
Realizada para resolver interrogantes específicos y prácticos que resulten en la mejora del desempeño.
Conducidas sin un fin práctico en mente o para resolver interrogantes específicos y prácticos.
Punto de partida
Información cuantitativa y cualitativa disponible en informes de otras investigaciones.
Una investigación básica o aplicada previa que arrojó resultados válidos.
Una detección de necesidades y/u otros hallazgos de investigaciones.
Función
Ayudar a crear el futuro, brindando información para definir una visión a largo plazo, las brechas existentes entre resultados actuales y deseados, y las mejores soluciones para eliminar estas brechas y así lograr alcanzar esta visión.
Ayudar a determinar si se está dirigiendo hacia el futuro establecido en la detección de necesidades, determinando efectividad y eficiencia de soluciones implementadas, así como las causas de las brechas existentes entre resultados esperados y logrados.
Encontrar, interpretar y actualizar hechos, eventos, comportamientos y teorías.
Uso de los datos recabados
Anticipar el retorno a la inversión esperado, para potenciales intervenciones antes de implementarlas, mediante la recolección de información tanto acerca de resultados actuales y potenciales para que los tomadores de decisiones sean capaces de elegir la mejor alternativa.
Determinar si los resultados actuales coinciden con los esperados de determinada solución que ha sido implementada.
Consultar con otras fuentes para asegurar la confiabilidad de las suposiciones hechas, y tomas decisiones y acciones basándose en ellas.


              Según Guerra-López (2007, págs. 17,22), para seleccionar entre los tres mecanismos de indagación mencionados en la Tabla 1, se debe considerar el tipo de decisiones que serán tomadas con la información derivada de ellas. Los dos primeros casos, la detección de necesidades y la evaluación, las decisiones están impulsadas al cierre de brechas detectadas entre lo obtenido y lo deseado respecto a algún programa, intervención o solución implementada, y son desarrolladas por cualquier tipo de organización, mientas que la investigación científica aplicada es generalmente un método descriptivo conducido por instituciones educativas y/o de investigación.
              Por ejemplo, si  se desea saber qué programas, intervenciones o soluciones implementadas en una organización deberían continuar, ser revisadas o descontinuadas, debería utilizarse una evaluación orientada a la mejora, donde la información que se recabe se compare con los objetivos establecidos; pero si se desea tomar decisiones son respecto a qué resultados se debería lograr  y qué tipos de programas, intervenciones y soluciones ayudarían en su logro, entonces debe realizarse una detección de necesidades. Por último, un informe de evaluación puede ser utilizado como insumo para una investigación, influenciar en la pregunta de investigación y en el método para responderla.
              Así pues, para esta autora, la evaluación es aquel mecanismo más adecuado para la mejora, ya que permite identificar si se están logrando los resultados esperados al brindar retroalimentación, no sólo del valor o mérito del programa o solución, sino que a partir de este valor se tomen decisiones que conlleven a una mejora del desempeño, no sólo de los programas evaluados, sino de cualquier nivel de la organización donde se desarrolla: productos internos, beneficios organizacionales e impacto externo. (Guerra-López, 2007, págs. 9,12).
              En su esencia, el método de evaluación es simple: se comparan resultados con expectativas, identificando conductores y barreras presentes para lograr el desempeño esperado, y se elaboran planes de acción para cumplir  los objetivos organizacionales.
No obstante, a través de los años de la administración moderna se han presentado diferentes métodos y modelos que pueden ser tomados como referencia para realizar una evaluación. En la Tabla 2 se presenta un resumen de algunos de los modelos de evaluación más creativos reportados por Guerra-López (2007, págs. 44-55), conjuntamente con sus enfoques o perspectivas dentro del área de mejora del desempeño, los cuales pueden ser aplicados en contextos diferentes, tal como la mejora del desempeño.

Tabla 2. Modelos de evaluación: una descripción básica
Fuente: Elaboración propia con información de Guerra-López (2007, págs. 44-55).

Nombre del modelo
Autor, año de publicación
Enfoque
Fortaleza y/o debilidad
Evaluación Basada en Objetivos (Objective-Based Evaluation)
Ralph Tyler, 1949
Describe si se han logrado los objetivos o no, logrando que los resultados informen cómo manejar una nueva estrategia de implementación.
Una debilidad es que el evaluador puede pasar por alto resultados o beneficios inesperados de la implementación, más allá de las metas originales.
Cuatro Niveles de Evaluación (Four Levels of Evaluation)
Donald Kirpatrick, 1959
Considera cuatro niveles para la capacitación y mejora del desempeño: reacción; aprendizaje; comportamiento y resultados.
Una de sus características más atractivas para los capacitadores y clientes ha sido su simpleza, aunque esta simpleza acarreó también algunas críticas.
Evaluación Orientada al Consumidor (Consumer-Oriented Evaluation Approach)
Scriven, 1967
Enfocada en cubrir las necesidades de los consumidores/clientes y los ideales de la sociedad, más que en lograr los objetivos de quien implementa un determinado programa.
Su fortaleza es ser acumulativa, lo que permite decidir si el programa completo representa un avance lo suficientemente significativo como para justificar su gasto.
Modelo CIPP (Context, Input, Process, Product)
Daniel Stufflebeam, 1967
Incorpora elementos para la detección, planificación, implementación, y otras fases relevantes para el éxito del objeto evaluado.
Va más allá de los modelos de evaluación tradicionales
Evaluación de Discrepancias (Discrepancy Model of Evaluation)
Provus, 1971
Permite la definición de objetivos, recopilación de evidencia de cumplimiento con estándares; identificación de discrepancias entre lo esperado y lo logrado; y determinación de acciones para corregir discrepancias.
Una fortaleza de este modelo es que se presta fácilmente para un marco de auto-evaluación y un enfoque sistemático para la mejora.
Evaluación Libre de Metas (Goal-Free Evaluation)
Scriven, 1974
El evaluador se mantiene desinformado a propósito, respecto a las metas del programa, y se enfoca en sus efectos sin importar los objetivos que lo generaron.
Muestra la debilidad de brindar información imparcial de los eventos, aunque su fortaleza está en que encuentra información inesperada, su buena relación costo-eficiencia, su aceptación por los clientes.
Evaluación Centrada en la Sensibilidad/ Clientes (Responsive/ Client Centered Evaluation Approach)
Stake, 1975
Está basada en la concepción de que los evaluadores deben compartir los resultados observados con los esperados, asumiendo que las intenciones cambiarán y requerirán una comunicación continua entre evaluador y stakeholders, con el propósito de descubrir, investigar y solucionar temas importantes.

Método del Caso Exitoso (Case Succes Method)
Robert Brinkerhoff, 1981
Está basada en el hallazgo de casos de éxito extremos, y la falla en utilizar nuevas habilidades y herramientas obtenidas a partir del entrenamiento y otros programas de desempeño, para alcanzar logros organizacionales valiosos.
Soluciona algunas de las limitaciones encontradas en los modelos previamente mencionados
Evaluación Enfocada a la Utilización (Utilization-Focused Evaluation Approach)
Patton, 1997
Se enfoca en la utilización como un programa hecho para y con usuarios primarios intencionalmente específicos, para usos específicos e intencionales.
Su fortaleza es que está orientada a las decisiones, es decir, busca que las evaluaciones brinden información para la toma de decisiones.
Metodología de Retorno de la Inversión (Return on Investmen Methodology, ROI)
Jack Phillip, 1997
Comienza con los cuatro niveles previamente mencionados; pero además presenta una metodología elaborada para el cálculo del retorno de la inversión, para las soluciones de capacitación, aislando los efectos del entrenamiento, para poder atribuir costos y beneficios directos al programa de entrenamiento.
Ha recibido revisiones ambiguas respecto a sus fortalezas y limitaciones inherentes
Proceso Para Evaluar Impacto (Impact Evaluation Process)
Ingrid Guerra-López, 2007
Está basado en un flujo de proceso reiterativo, que permite a los evaluadores y a los stakeholders enfocarse en la alineación entre el objeto evaluado y el impacto de los resultados externos en clientes y la sociedad.
Es el modelo más formal y recientemente publicado.

              Como se observa en la Tabla 2, son muchos los modelos o enfoques que pueden ser utilizados cuando se realiza un proceso de evaluación, y aunque es posible identificar esfuerzos de evaluación desde la época de las grandes civilizaciones que vivieron antes de Cristo, la formalización de estos modelos aplicados a la administración moderna data desde el término de la segunda guerra mundial con las aportaciones de Ralph Tyler, y han venido evolucionando hasta el tema de la mejora del desempeño, ya que una evaluación que no se oriente a la mejora no sería de utilidad. Toda evaluación debe terminar en acción, de tal manera que se cierre el ciclo de mejora continua, el cual inicia con una fase de Planear y luego Hacer, para luego Verificar y Actuar en consecuencia, tal como lo popularizó Deming con el PHVA en los años 80 gracias a su contribución en las empresas japonesas.
En la actualidad, al revisar la literatura se pueden encontrar múltiples experiencias documentadas respecto a la aplicación de la evaluación, sobre todo asociada a la educación, como lo reporta Perez-Lindo (2007, págs. 583-584), quien explica que los programas evaluativos en la educación superior inició a fines de los años 1960 para estudiar y reformar las universidades, y que actualmente se potencializan con la emergencia de una sociedad que se produce a través del conocimiento.
              Este autor además indica que la construcción y el análisis de indicadores están normalmente vinculados a requisitos de las instituciones evaluadas, y que los criterios de evaluación suelen responder a exigencias del control de gestión, de la evaluación de resultados o de procesos.
              Asimismo, Marcano, Aular de Durán y Finol de Franco (2009, pág. 9) también han estudiado el fenómeno de la evaluación en la educación, muy específicamente de la evaluación de programas, indicando que juega un papel fundamental tanto en la búsqueda de la eficacia y la eficiencia que deben mostrar las instituciones educativas, como en su mejoramiento continuo. Estos autores explican que la evaluación es un mecanismo idóneo para el rendimiento de cuentas y el aseguramiento de la calidad.
              Generalmente, el método utilizado para realizar una evaluación incluye el establecimiento de los ideales que deben cumplirse, el diseño de un instrumento, la realización de trabajo de campo donde se recolecta los datos con su aplicación, se procesan e interpretan resultados determinando las brechas, y por último se plantean acciones para su cierre.
Un ejemplo de este método lo reporta Smith-Cayama (2006, pág. 1), quien realizó un trabajo de investigación de tipo descriptiva y de campo en un programa de una universidad en Venezuela, donde recolectó datos al aplicar un cuestionario con escala Likert, a una población de 99 profesores y 54 empleados administrativos, y una muestra de 71 individuos. Los resultados obtenidos permitieron diagnosticar la situación actual del clima organizacional de la institución, y dio lugar al planteamiento de estrategias para mejorar los procesos estudiados.
Sin embargo, también existen otros estudios de evaluación aplicados en otras organizaciones, tal como lo reporta Arellano-González, Ríos-Vázquez, Carballo-Mendívil, González-Valenzuela y Castillo-Rodríguez (2010, pág. 337), y Arellano-González y otros (2009, pág. 1), quienes presentan evaluaciones realizadas en organizaciones del sector privado de Ciudad Obregón, Sonora México, orientado a realizar un diagnóstico de los procesos de dos empresas, una dedicada a la elaboración de tocino y una productora de cítricos, y a partir de él establecer proyectos que permitieran la mejora de su desempeño. En estos estudios, de tipo descriptivo, la información se obtuvo al aplicar instrumentos con escala Likert respecto a cada uno de los procesos principales: planeación, abastecimiento, producción, entrega, administración de inventarios, y la mejora; los datos obtenidos se procesaron para cuantificar las brechas en cada proceso de manera individual, así como el impacto de las mismas en el resto, utilizando matrices de impacto; por último, se plantearon planes de mejora para cerrar dichas brechas.
              Así pues, no importa la organización de la que se trate, es muy importante que en cualquiera de ellas se tomen decisiones basadas en información, ya que de lo contrario, además de incumplir uno de los principios en los que se basa la gestión de calidad, se correrían riesgos de mantener programas poco eficaces o eficientes, afectando directamente en la capacidad de la organización por conseguir resultados a largo plazo. Asimismo, una evaluación que no lleve a la acción, resultaría ociosa ya que sólo generaría costos y no los beneficios que busca obtener toda evaluación.


En conclusión, una evaluación, independientemente del modelo que se utilice para llevarla a cabo, es una forma de indagación que permite generar información útil que no sólo puede ser utilizada para determinar el valor o mérito de los proyectos o programas que se implementan en las organizaciones, sino que también puede utilizarse para conocer el por qué se dieron dichos resultados, y el efecto que eso tiene en la consecución de los objetivos y metas organizacionales, de tal manera que pueda identificarse qué puede mejorarse y qué debe mantenerse tal cual está.
Sin embargo, una evaluación que no arroje como resultado una acción a implementar para modificar lo que se está siendo evaluado, no resultará especialmente útil, por eso siempre debe basarse en la premisa de la mejora del desempeño.




Referencias
Arellano-González, A., Carballo-Mendívil, B., Ríos-Vázquez, N. J., González-Valenzuela, Cervantes-Salomón, Á. I., & Enríquez-Cázares, R. A. (2009). Evaluación del desempeño organizacional de una empresa elaboradora de tocino ahumado. El Buszón de Pacioli, I(65), 1-30. Obtenido de http://148.223.70.73/publicaciones/pacioli/Documents/no65/4.pdf
Arellano-González, A., Ríos-Vázquez, N. J., Carballo-Mendívil, B., González-Valenzuela, E., & Castillo-Rodríguez, A. (2010). Evaluación del desempeño organizacional con un enfoque por procesos en una empresa productora de cítricos. En N. J. Ríos-Vázquez, J. Portugal-Vázquez, & A. A. Naranjo-Flores, Agregando+valor a un mundo globalizado (págs. 337-355). Ciudad Obregón: Instituto Tecnológico de Sonora.
Guerra-López, I. (2007). Evaluación y Mejora Continua: Conceptos y Herramientas Para la Medición y Mejora del Desempeño. Un Enfoque en Resultados e Impacto. Bloomington, Indiana: AuthorHouse.
Marcano, N., Aular de Durán, J., & Finol de Franco, M. (2009). Cuestiones conceptuales básicas en torno a la evaluación de programas. Omnia, XV(3), 9-30. Obtenido de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=73712297002
Perez-Lindo, A. (Diciembre de 2007). La evaluación y la universidad como objeto de estudio. Avaliação: Revista da Avaliação da Educação Superior, XII(4), 583-596. Obtenido de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=219114875003

Smith-Cayama, H. (2006). Evaluación de los procesos organizacionales como estrategia de intervención para el cambio organizacional. Multiciencias, VI(1), 1-16. Obtenido de http://www.redalyc.org/pdf/904/90460106.pdf

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